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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—No en especial —dijo Milne, mirando a sus compañeros, quienes le apoyaron negando con la cabeza.

Rebus advirtió que todos hablaban en voz baja.

— ¿Es aquí mismo donde trabaja Jake?

—Exactamente. En turnos alternos.

—Es decir, que a veces coinciden...

—Y a veces no.

Rebus asintió con la cabeza. No estaba sacando nada en limpio, ni sabía si realmente estaba convencido de que iba a averiguar nada. Así que Mitchison había estado relacionado con la ecología... Pues vaya cosa. Allí se estaba bien, era relajante. Había dejado atrás Edimburgo con todos los problemas y lo notaba.

—Este trabajo parece un chollo —dijo—. ¿Admiten solicitudes?

—Tendrá que darse prisa —comentó Milne sonriente—. ¿Quién sabe cuánto durará el petróleo?

—No se acabará de la noche a la mañana, ¿verdad?

Milne se encogió de hombros.

—Depende de los costes de extracción. Ahora las empresas comienzan a hacer prospecciones al oeste, lo que llaman el petróleo atlántico. Y ya está llegando crudo del oeste de Shetland a Flotta.

—En Orkney —puntualizó la mujer.

—Se llevaron ellos la concesión —prosiguió Milne—. Allí, dentro de cinco o diez años el margen de beneficio será más sustancioso.

— ¿Y se irán del mar del Norte?

Asintieron con la cabeza como un solo hombre.

— ¿Ha hablado usted con Briony? —inquirió la mujer de pronto.

— ¿Quién es Briony?

—La... bueno, no está casada con Jake, ¿verdad? —añadió, dirigiéndose a Milne.

—Una novia, creo —agregó éste.

— ¿Dónde vive? —preguntó Rebus.

—Comparte una casa con Jake, en Brae —respondió Milne—. Trabaja en la piscina.

Rebus se volvió hacia Walt.

— ¿Está muy lejos?

—A unos diez kilómetros. —Lléveme allí.

Pasaron primero por la piscina, pero no estaba de turno y les indicaron dónde quedaba la casa. Brae parecía pasar por una crisis de identidad, como si de pronto hubiese tenido que cambiar. Las casas eran nuevas y anodinas; se notaba que había dinero, pero el dinero no lo compra todo y era imposible que Brae volviera a ser el pueblo de antaño, cuando aún no existía el terminal de Sullom Voe.

Encontraron la casa y Rebus le indicó a Walt que aguardase en el coche. Le abrió una joven veinteañera con pantalón de chándal y una camiseta de tirantes blanca. Iba descalza.

— ¿Briony? —preguntó Rebus.

—Sí.

—Perdone, pero no sé su apellido. ¿Puedo pasar?

—No. ¿Quién es usted?

—El inspector John Rebus —dijo, mostrando su identificación—. Se trata de Alian Mitchison.

— ¿De Mitch? ¿Qué sucede?

Había muchas respuestas a la pregunta y Rebus escogió una.

—Ha muerto.

Vio que ella palidecía y se agarraba a la puerta para sostenerse, pero no le dijo que entrara.

— ¿Desea sentarse? —aventuró Rebus.

— ¿Qué le ha sucedido?

—No lo sabemos exactamente; por eso quería hablar con Jake.

— ¿No lo saben exactamente?