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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—De Klondiker —precisó—. Barcos factoría para procesar pescado. Probablemente hacen más daño al medio ambiente que toda la industria petrolera del mar del Norte. Pero los de aquí dejan que sigan y les importa un pito. La pesca es para ellos una tradición..., no como el petróleo. Bah, que les den por culo.

Se separaron en la pista sin que el hombre le hubiera dicho cómo se llamaba. A Rebus le esperaba un tipo que esgrimía una discreta sonrisa dentona: «Bienvenido a Mainland», le dijo. En el coche, camino del terminal de Sullom Voe, le explicó a qué se refería.

—Esto es lo que los de Shetland llaman isla principal, Mainland, diferente de la tierra firme, mainland con eme minúscula —añadió con un resoplido a guisa de carcajada y limpiándose la nariz con la manga de la chaqueta.

Parecía un crío que ha cogido el coche de papá: inclinado sobre el volante que agarraba con todas sus fuerzas. Se llamaba Walter Rowbotham y era nuevo en el Departamento de Relaciones Públicas de Sullom Voe.

—Le enseñaré todo esto con mucho gusto, inspector —dijo sin dejar de sonreír con ánimo de congraciarse.

—Si nos queda tiempo —comentó Rebus.

—Con mucho gusto, de verdad. Sabrá usted que la construcción del terminal costó mil trescientos millones. De libras, no dólares.

—Interesante.

El rostro de Rowbotham prácticamente se iluminó al oír el comentario.

—El primer crudo comenzó a llegar a Sullom Voe en 1978. La empresa da trabajo a muchas personas y ha contribuido enormemente a reducir la tasa de paro en Shetland, que es de un cuatro por ciento, la mitad de la de Escocia.

—Dígame una cosa, señor Rowbotham.

—Llámeme Walter, por favor. O Walt, si prefiere.

—Walt, ¿han vuelto a tener problemas con el enfriamiento del LPG? —dijo Rebus sonriente.

El rostro de Rowbotham se arrugó como una remolacha en conserva. «Caray —pensó Rebus—, les va a encantar a los periodistas...»

Tuvieron que recorrer en coche la mitad de las instalaciones para llegar hasta donde Rebus quería, por lo que tuvo que seguir escuchando a su cicerone y aprendió más de lo que hubiera podido imaginar sobre desbutanizar, desmetanizar y despropanizar, aparte de detalles sobre depósitos de rebose y medidores de integridad. «¿No sería fantástico —pensó— disponer de medidores de integridad para seres humanos?»

En el edificio de la administración general les dijeron que Jake Harley trabajaba en la sala de control de producción, y que sus compañeros estaban advertidos de que iba a hablarles un policía. Cruzaron los oleoductos de llegada de crudo, la estación de alimentación y el depósito terminal, y en un momento dado Walt dijo que pensaba que se habían perdido, aunque logró orientarse con el plano.