Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Ella enarcó una ceja con interés.

— ¿Del Departamento de Investigación Criminal?

—Sí.

— ¿Está en el caso de Johnny Biblia?

—No.

—Tal como lo ponen los periódicos, pensaba que estaba en ello toda la policía de Escocia.

—Yo soy una excepción.

—Recuerdo el caso John Biblia —dijo ella, dando una calada al Sobranie—. Me crié en Glasgow y mi madre estuvo semanas enteras sin dejarme salir de casa. Como si me tuviera en la trena.

—Les pasó a muchas mujeres.

—Y ahora vuelta a empezar. —Hizo una pausa—. Cuando dije que me acordaba de John Biblia hubiera debido decirme: «No parece usted tan mayor».

—Lo que demuestra que no estoy ligando.

Ella se le quedó mirando.

—Lástima —dijo, cogiendo el vaso.

Rebus no sabía dónde poner las manos y cogió también el suyo para ganar tiempo. Le había marcado la pauta claramente. Le tocaba a él actuar o no en consecuencia. ¿Invitarla a su habitación? O alegar... ¿qué exactamente? ¿Mala conciencia? ¿Miedo? ¿Repulsa de sí mismo?

Miedo.

Se imaginaba lo que podía dar de sí la noche, en un intento de extraer belleza de la necesidad, pasión de una especie de desesperación.

—Muy halagador —atinó a decir.

—No hay de qué —fue la inmediata réplica de ella.

Le tocaba a él; una partida de ajedrez de aficionado contra profesional.

—Bien, ¿ya qué se dedica? —inquirió.

Ella se giró. Sus ojos daban a entender que se sabía todas las tácticas del juego.

—Ventas. Productos para la industria del petróleo. Puede que tenga que trabajar con ésos —añadió, ladeando la cabeza hacia la barra—, pero nadie dice que tenga que pasar el tiempo con ellos.

— ¿Vive aquí en Aberdeen?

Negó con la cabeza.

—Ahora invito yo —ofreció.

—Tengo que madrugar.

—Una más no será grave.

—Podría serlo —replicó Rebus, sosteniéndole la mirada.

—Bueno, final perfecto para un día perfectamente asqueroso —dijo ella.

—Lo siento.

—Es igual.

Notaba sus ojos clavados en él mientras salía del bar hacia recepción. Tuvo que hacer un esfuerzo para subir la escalera hacia la habitación. Era muy atractiva. Y ni siquiera sabía su nombre.

Encendió el televisor mientras se desvestía. Un subproducto de la factoría de Hollywood: las mujeres parecían esqueletos con pintalabios y los hombres eran muy malos actores. Volvió a pensar en la mujer. ¿Sería una buscona? No, desde luego. Pero le había entrado rápido. Le había dicho que se sentía halagado, cuando, en realidad, le había aturdido. Siempre encontraba difícil la relación con el sexo contrario. Se había criado en un pueblo minero, un poco atrasado en lo que atañía a asuntos como la promiscuidad. Echabas mano a la blusa de una chica y enseguida tenías a su padre persiguiéndote con un cinto.