Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Después se había enrolado en el Ejército, donde las mujeres eran o fantasías eróticas o figuras intocables: escoria y vírgenes, sin término medio. Después de licenciarse ingresó en la policía, ya casado; pero el trabajo había resultado más atrayente, más entregado, que la relación, que cualquier tipo de relación. Y desde entonces, sus aventuras habían durado meses, semanas y a veces días. Tenía la sensación de que ya era demasiado tarde para algo más duradero. Gustaba a las mujeres; ése no era el problema, sino algo más íntimo que se agravaba con asuntos como el caso de Johnny Biblia y esas mujeres violadas y asesinadas. La violación era imponer el poder, y asesinar, tres cuartos de lo mismo. Y el poder, ¿no era la máxima fantasía masculina? ¿Acaso él no soñaba a veces con el poder?

Al ver las fotos de la autopsia de Angie Riddell la primera idea que le había venido a la cabeza, el primer pensamiento que tuvo que descartar fue: buen cuerpo. Y le fastidió, porque en aquel momento fue como si también él la hubiera visto como un simple objeto. Luego, una vez que el médico forense inició su faena, ella, de objeto, pasó a despojo.

Se durmió nada más rozar la almohada. Como cada noche, lo único que había rogado era no tener pesadillas. Se despertó en la oscuridad con la espalda mojada en sudor oyendo un tictac. No había reloj y el suyo estaba en el cuarto de baño. Aquello era más próximo, más recoleto. ¿Salía de la pared? ¿Del cabezal? Encendió la luz y dejó de oírlo. ¿Carcoma? El marco de madera del cabezal no tenía agujeritos. Apagó la luz y cerró los ojos. Volvía a oírlo: ahora más tipo contador Geiger que diapasón. Trató de distraer su atención, pero lo notaba muy cerca. No podía. Era la almohada; la almohada de plumas. Algo había dentro; algo vivo. ¿Se le metería en el oído? ¿Para devorar? ¿Para mutar y volverse crisálida, o simplemente regalarse con un poco de cerumen y pabellón de su oreja? El sudor le chorreaba por la espalda y mojaba la sábana. Se asfixiaba en aquella habitación; pero se encontraba demasiado cansado para levantarse y demasiado nervioso para dormir. Optó por hacer lo único razonable: tirar la almohada contra la puerta.

Dejó de oír el tictac, pero no podía dormir. El timbre del teléfono fue un consuelo. A lo mejor era la mujer del bar. Le diría que era un alcohólico, una basura, un desecho que no servía para nada.

—Diga.

—Soy Ludo. Lamento despertarte.

—No dormía. ¿Qué sucede?

—Ahora sale un coche patrulla a recogerte.