Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Lumsden procuró ocultar el peso que se quitaba de encima.

—Bueno, ¿y dónde piensas ir mañana?

Se dio cuenta de que prefería no decírselo.

—A otra entrevista en la empresa del difunto —contestó, ante la aparente satisfacción de Lumsden.

— ¿Y te vuelves a Edimburgo?

—Dentro de un par de días.

Lumsden procuró ocultar su decepción.

—Bueno, que duermas bien. ¿Sabrás volver?

Rebus asintió con la cabeza y se dieron la mano. Tomaron direcciones opuestas. Siguió caminando hacia el hotel, despacio, mirando escaparates y atento por si le seguían. Luego se detuvo, consultó el plano y vio que la zona portuaria no estaba lejos, pero paró al primer taxi que pasaba.

— ¿Adónde vamos? —preguntó el taxista.

—A algún sitio en que pueda tomar una buena copa. Por el puerto.

«Donde se divierten los borrachos», pensó.

— ¿Con mucha marcha?

—Donde haya más.

El hombre asintió con la cabeza y arrancó. Rebus se inclinó hacia delante.

—Creí que aquí había más animación.

—Ah, es algo pronto. Pero los fines de semana es el desmadre. Vienen los de las plataformas con la paga.

—Y beben cantidad.

—Cantidad de todo.

—Tengo entendido que todos los clubes son de los norteamericanos.

—Yanquis. Están por todas partes —dijo el taxista.

— ¿Lo legal y lo ilegal?

El hombre miró por el retrovisor.

— ¿Qué es lo que busca, en concreto?

—Pues algo que me pusiera bien.

—No tiene usted el aspecto de ésos.

— ¿Y qué aspecto tienen éstos?

—No el de un poli.

Rebus se echó a reír.

—Fuera de servicio y lejos de mi ciudad.

— ¿Cuál?

—Edimburgo.

El hombre asintió con la cabeza, pensativo.

—Si yo buscase ponerme bien —añadió— tal vez iría al club Burke's en College Street. Hemos llegado.

Frenó. El contador marcaba algo más de dos libras. Rebus le dio un billete de cinco y le dijo que se quedase con la vuelta. El taxista se asomó por la ventanilla.

—Estaba usted a menos de cien metros de Burke's cuando le recogí.

—Lo sé.

Claro que lo sabía, el Burke's era donde Johnny Biblia había conocido a Michelle.

Mientras el taxi se alejaba echó un vistazo para situarse. Frente a él tenía el puerto, con barcos atracados y luces en algunos en los que aún trabajaban; equipos de mantenimiento, lo más probable. La acera donde estaba era una mezcla de viviendas, comercios y pubs. Un par de busconas y poco tráfico. Ante él había un local llamado Yardarm que ofrecía karaoke, bailarinas exóticas, bebida más barata a partir de cierta hora, televisión por satélite y «ambiente cálido».

Nada más cruzar la puerta sintió la calidez de sopetón: era un horno. Tardó más de un minuto en llegar a la barra, y a pesar de ser un fumador empedernido atracó en ella con los ojos irritados por el humo.