Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Aunque lo hubiera dicho, me tendría sin cuidado. Soy de la policía de Edimburgo.

—Está lejos de Aberdeen. ¿Ha venido por Johnny Biblia?

— ¿Por qué lo pregunta?

—Porque ha asesinado en ambas ciudades, ¿no es cierto?

Rebus asintió con la cabeza.

—No, no es por Johnny Biblia. Cuídese, Ryan.

—Usted también. Que ésos están muy locos.

—Ya lo creo.

Stuart Minchell le esperaba en la puerta.

— ¿Quiere ver alguna cosa más o nos vamos?

—Vamonos.

Lumsden le llamó a la habitación y bajó a reunirse con él. Iba bien vestido, pero con un atuendo más informal y una chaqueta beige con camisa amarilla sin corbata que sustituía la blazer.

—Bueno —dijo Rebus—, ¿voy a estar toda la noche llamándole Lumsden?

—Me llamo Ludovic.

— ¿Ludovic Lumsden?

—El sentido del humor de mis padres. Ludo, para los amigos.

Aún hacía calor y no había anochecido. La algarabía de los pájaros llenaba el parque y las gaviotas picoteaban en las aceras.

—Hay luz hasta las diez, hasta las once incluso —comentó Lumsden.

—Son las gaviotas más grandes que he visto en mi vida.

—Las detesto. Fíjese cómo está la acera.

Era cierto, estaba llena de cagadas.

— ¿Adónde vamos? —preguntó Rebus.

—Digamos que es una sorpresa. Podemos ir a pie. ¿Le gustan las sorpresas?

—Me gusta llevar guía.

Fueron a un restaurante italiano, donde era muy conocido y todos querían estrecharle la mano. El dueño pidió excusas a Rebus y se llevó a Lumsden para cuchichear un rato.

—Aquí, los italianos no nos dan guerra —comentó Lumsden una vez concluida su charla privada—. No consiguieron hacerse con el control de la ciudad.

— ¿Y quién lo tiene?

Lumsden reflexionó.

—Hay un poco de todo.

— ¿Norteamericanos también?

Lumsden asintió sin dejar de mirarle.

—Tienen muchas discotecas y clubes y algunos hoteles nuevos. La industria del sector servicios. Llegaron en los setenta y aquí los tenemos. ¿Querrá ir después a un club?

—No creo que sea un inconveniente —dijo Rebus con gesto de displicencia.

Lumsden se echó a reír.

— ¿O quiere ir a lo «fuerte», que es lo que se supone que hay en Aberdeen? Pues se equivoca; aquí domina lo empresarial. Si tiene interés, más tarde le llevaré a la zona portuaria donde hay locales de striptease y borrachos, pero son una minoría.

—Cuando uno vive en el sur oye contar historias.

—Sí, cómo no. Burdeles de lujo, droga, pornografía, juego y alcohol. También nosotros las oímos. Pero en cuanto a la realidad... —añadió, sacudiendo la cabeza—. La industria del petróleo es muy tranquila, en el fondo. Ya no quedan casi matones. El petróleo se ha vuelto legal.