Back Black & Blue Save as PDF
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Ya me parecía. Las únicas noticias sobre el petróleo son las catástrofes. Es una industria mucho más importante que la nuclear, y se le da la mitad de cobertura.

—Pero en definitiva está bien si todas las noticias que publican son malas, ¿no?

El hombre reflexionó al respecto y se echó a reír, mostrando una dentadura perfecta.

—En eso estoy con usted —dijo, volviendo a secarse la cara—. Así que es usted observador: ¿de qué exactamente?

—Ahora no estoy de servicio.

—Suerte que tiene.

— ¿Y usted qué hace?

—Trabajar como un burro. Pero tengo que decirle que mi empresa está a punto de renunciar a vender a la industria petrolífera. Prefieren comprar productos yanquis o escandinavos. Pues que se vayan a tomar por culo. No me extraña que Escocia se esté quedando a la cola. Y queremos la independencia... —El hombre agitó la cabeza y se inclinó hacia él. Rebus le imitó en plan conspirador—. Fundamentalmente, mi cometido es asistir a congresos aburridos como éste y cuando vuelvo a casa por la noche me pongo a pensar qué estoy haciendo. ¿Seguro que no quiere nada?

—Bueno, de acuerdo.

Dejó que le invitase y por su modo de decir «que se vayan a tomar por culo» pensó que no debía decirlo con frecuencia. Era un simple pretexto para romper el hielo y hablar entre hombres, de un modo informal. Le ofreció un cigarrillo, pero el otro rehusó.

—Hace años que lo dejé. No crea que no me tienta aún, a veces. —Hizo una pausa y miró a su alrededor—. ¿Sabe quién me gustaría ser? —Rebus puso cara de circunstancias—. A ver si lo adivina.

—Ni la menor idea.

—Sean Connery —dijo—. Figúrese, con lo que gana por película, podría dar una libra a cada hombre, mujer y niño del país y aún le quedarían un par de millones. ¿No es increíble?

—Entonces, ¿si usted fuera Sean Connery, le daría a todo el mundo una libra?

— ¿Para qué necesitaría dinero si fuera el hombre más sexy del mundo?

Tenía razón y brindaron por la idea. Lo único malo fue que, al mencionar a Sean Connery, Rebus se acordó de Ancram por el parecido físico. Miró el reloj y vio que tenía que marcharse.

— ¿Puedo invitarle antes de irme? —dijo.

El hombre negó con la cabeza, al tiempo que, con un movimiento rápido, como de prestidigitador, le daba su tarjeta de visita.

—Por si le hiciera falta. Por cierto, me llamo Ryan.

Rebus leyó la tarjeta: Ryan Slocum, jefe de ventas de la Sección de Ingeniería y el nombre de una empresa: Eugene Construction.

—John Rebus —dijo estrechándole la mano.

—John Rebus —repitió Slocum—. ¿No tiene tarjeta de visita?

—Soy policía.

Slocum le miró con los ojos muy abiertos.

—No habré dicho algo incriminador...