Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Se dieron la mano y Rebus le vio salir antes de volver al bar a tomarse un whisky. Lo cargó en cuenta tal como le había dicho Lumsden y subió a la habitación. Con las cortinas echadas no era tan calurosa pero aún le faltaba ventilación. Intentó sin éxito abrir las ventanas: tendrían casi tres metros de alto. Sin descorrer las cortinas, se tumbó en la cama, se quitó los zapatos y se puso a repasar su conversación con Lumsden. Una costumbre que tenía, mediante la cual solía reflexionar sobre cosas que habría podido decir o sobre un modo mejor de decirlas. De pronto se sentó en la cama. Lumsden había mencionado la T—Bird Oit, y él no recordaba haber citado el nombre de la empresa petrolera. Tal vez... o quizá se lo dijo al agente Shanks por teléfono, y Lumsden lo sabía por él.

Intranquilo, se puso a mirar por la habitación y en un cajón encontró folletos turísticos y propaganda sobre Aberdeen; se sentó en el tocador a hojearlos. Los hechos hablaban por sí solos.

En la región de Grampian trabajaban cincuenta mil personas en la industria del gas y el petróleo, el veinte por ciento de la población activa. La población total de la zona había aumentado en sesenta mil personas desde principio de los años setenta y la construcción de viviendas había crecido un tercio, con la consiguiente aparición de nuevos suburbios en las afueras, donde se había edificado sobre cuatro millones de metros cuadrados. El aeropuerto había multiplicado por diez el tráfico de pasajeros y era ahora el helipuerto más activo del mundo. Ni un solo dato negativo con excepción de un comentario sobre un pueblo pesquero llamado Oíd Torry, merecedor de fueros propios tres años después del descubrimiento de América. Con el hallazgo de petróleo en el nordeste, Oíd Torry fue destruido para dejar sitio al terminal de la Shell. Rebus alzó su vaso y brindó en memoria del pueblo.

Se duchó, se cambió y volvió al bar. Una mujer de aspecto aturdido con falda larga escocesa y blusa blanca se le acercó animosa.

— ¿Es usted de la convención?

Rebus negó con la cabeza y recordó haber leído la noticia: polución en el mar del Norte o algo parecido. Finalmente la mujer dio con tres corpulentos ejecutivos a quienes dirigió hacia la salida. Rebus llegó al vestíbulo y vio cómo se marchaban en una limusina. Miró el reloj. Era hora de irse.