Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
El señor H, el que había pagado a Tony El. Y ahora Rebus sabía quién era el señor H: Hayden Fletcher, a quien Lumsden había interrogado a propósito de Vanessa Holden. Fletcher había pagado a Tony El para que se ocupara de Alian Mitchison; probablemente los dos se habían reunido allí. Quizá los había presentado el propio Fuller.
—No es sólo usted. Han hablado Eddie Segal, Moose Maloney...
Soltaba los nombres que había mencionado Stanley.
— ¿Fletcher y Lumsden? —repitió Fuller sin mucho convencimiento y mirando fijamente a Rebus, quien trataba de aparentar que estaba hecho un guiñapo; empresa bien fácil.
—Está en marcha una operación de la Brigada Criminal escocesa —dijo Rebus— y tienen a Lumsden y a Fletcher en el bolsillo.
—Son hombres muertos —dijo Fuller finalmente.
— ¿Por qué parar si eso le divierte?
Una sonrisa fría, malvada. Fletcher y Lumsden estaban en la lista, pero él estaba allí.
—Iremos a dar un paseo —añadió Fuller—. No te preocupes, te has portado bien y será rápido. Un tiro en la nuca.
Dejó caer la botella y pisó vidrios al dirigirse a la escalera.
Rebus miró a su alrededor rápidamente; no podía saber el tiempo de que disponía. El gancho parecía muy sólido; de momento había aguantado su peso. Si pudiese subir a un cajón para ganar algo de altura quizá podría intentar desatarse. A menos de un metro había uno vacío. Estiró los brazos cuanto pudo con un dolor inaguantable y tentó con el pie; el zapato tocó el borde del cajón y comenzó a arrastrarlo. Fuller había subido la escalera que se cerraba con una trampilla, pero la había dejado abierta. Oía voces en el bar. Estaría tal vez llamando a un gorila o a alguien para que vieran cómo moría. El cajón se atascó en un relieve del suelo y no se movía. Trató de levantarlo con la punta del zapato, pero no podía. Chorreaba sudor, sangre y alcohol. El cajón cedió y pudo acercarlo, se subió encima y soltó la cuerda del gancho; bajó los brazos despacio, como si disfrutara del dolor, notando cómo su sangre corría. Tenía los dedos helados y entumecidos. Mordió los nudos de la cuerda; era imposible deshacerlos. Había muchos vidrios rotos, pero cortarla le llevaría demasiado tiempo. Se agachó a coger una botella rota cuando vio algo mejor.