Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Pero era un Astra, cómodo para los tres, sobre todo teniendo en cuenta que el agente uniformado que conducía era un gigante. Su cabeza sin gorra rozaba el techo. Era la misma voz del teléfono. Estrechó la mano de Rebus como si se tratara de algún emisario extranjero.
— ¿Ha estado antes en Shetland?
Morton negó con la cabeza y Rebus confesó que había estado sólo una vez.
— ¿Y dónde desean que les lleve?
—A la comisaría —dijo Rebus desde el asiento trasero—. Le dejaremos allí y ya devolveremos el coche cuando acabemos.
El agente, llamado Alexander Forres, expresó su decepción.
—Llevo veinte años en la policía.
— ¿Ah, sí?
—Y ésta iba a ser mi primera investigación en un homicidio.
—Mire, sargento Forres, sólo hemos venido a hablar con un amigo de la víctima. Datos sobre la misma e información rutinaria de lo más aburrido.
—Ya, es igual; me hacía ilusión acompañarles.
Iban por la A970 en dirección a Lerwick a treinta kilómetros de Sumburgh. El viento azotaba y Forres mantenía sus manazas firmes sobre el volante como un ogro que ahoga a un niño. Rebus optó por cambiar de tema.
—Bonita carretera.
—Hecha con el dinero del petróleo —puntualizó el sargento.
— ¿Y qué tal se les da estar a las órdenes de Inverness?
— ¿Quién dice eso? ¿Cree que vienen a controlarnos todas las semanas?
—Supongo que no.
—Supone bien, inspector. Es como Lothian y Borders... ¿Cuántas veces va alguien de Fettes a echar un vistazo a Hawick? —Forres miró a Rebus por el retrovisor—. No crea usted que aquí somos unos idiotas que sólo sabemos quemar una barca cuando llega el UpHellyAa.
—UpHelly ¿qué?
—Esa fiesta en la que queman una barca, John —le susurró Morton.
—El último martes de enero —matizó Forres.
—Curiosa forma de calefacción —comentó Rebus.
—Es cínico de nacimiento —comentó Morton al sargento.
—Pues lástima si muere siéndolo —dijo el hombre sin quitar la vista del retrovisor.
En las afueras de Lerwick pasaron ante feos edificios prefabricados que Rebus imaginó relacionados con la industria del petróleo. La comisaría estaba allí, en la Ciudad Nueva. Dejaron a Forres y el sargento fue a buscar un mapa de la isla.
—No pueden perderse —dijo—. No hay más que tres carreteras.
Rebus miró el mapa y comprendió lo que quería decir. La isla tenía una configuración levemente cruciforme, su eje, la A970, con la 971 y la 968 a guisa de brazos. Brae quedaba en el extremo más al norte. Conduciría él, Morton prefería ir de copiloto. Dijo que así vería el paisaje.