Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Rebus consultó su agenda, descolgó, marcó el número y pidió que le pasaran con Stuart Minchell de T—Bird Oil.
—Inspector, qué agradable sorpresa.
—Perdone que vuelva a molestarle, señor Minchell.
— ¿Qué tal va su investigación?
—A decir verdad, no me sobraría una ayudita.
—Diga, diga.
—Es a propósito de Bannock. Cuando fui allí subieron a la plataforma unos manifestantes.
—Sí, me lo dijeron. Se encadenaron a la barandilla.
Lo decía como riendo y Rebus recordó el viento endemoniado, el casco oprimiéndole la cabeza, el helicóptero filmando...
—Quisiera saber qué fue de los manifestantes, si fueron detenidos.
Sabía que no porque había visto en el concierto a un par de ellos.
—Eso quien mejor lo sabe es Hayden Fletcher.
— ¿No podría usted preguntárselo, por favor? Sin que trascienda, como si fuera cosa suya, por así decir.
—Sí, cómo no. Déme su teléfono de Edimburgo.
—No se moleste. Le llamaré yo, dentro de... ¿veinte minutos?
Rebus miró por la ventana: casi podía ver el edificio de T—Bird Oil.
—Depende de si puedo localizarle.
—Bien, volveré a llamarle dentro de veinte minutos. Y, ah, señor Minchell.
—Diga.
—Si tiene que hablar con Bannock, ¿podría preguntar algo a Willie Ford?
— ¿El qué?
—Querría saber si está al corriente de que Alian Mitchison tenía una novia rubia con trencitas.
—Trencitas. —Minchell tomaba nota—. Muy bien.
—En caso afirmativo, que le diga el nombre y la dirección si es posible. —Rebus pensaba ya en otra cosa—. Cuando los manifestantes protestaban delante de la empresa lo filmaron en vídeo, ¿no?
—No recuerdo.
— ¿Podría averiguarlo? Es asunto de seguridad, ¿verdad?
— ¿Siguen siendo veinte minutos para tanta cosa?
—No, señor —dijo Rebus sonriendo—. Pongamos media hora.
Colgó y apuró el té.
— ¿Qué te parece hacer otra llamada? —dijo Morton.
— ¿A quién?
—A Chick Ancram.
—Jack, mírame —replicó señalándose el rostro—. ¿Tú crees que alguien tan enfermo puede hablar por teléfono?
—Acabarás en la horca.
—Como un péndulo.
Rebus concedió cuarenta minutos a Stuart Minchell.
—Inspector, ¿sabe una cosa? Usted hace que trabajar para el mayor Weir sea coser y cantar...
—Me alegra ser útil. ¿Qué ha podido averiguar?
—Casi todo. —Ruido de papeles—. No, los manifestantes no fueron detenidos.
— ¿No es algo generoso dadas las circunstancias?
—Habría sido más publicidad negativa.
—Lo que en este momento les interesa muy poco.
—A la empresa le constan los nombres de los manifestantes, pero eran falsos. Al menos, supongo que Yuri Gagarin y Judy Garland serán... seudónimos.
—Yo diría que sí.
Judy Garland: trencitas. Interesante elección.
—Así que los subieron a la plataforma, les dieron una bebida caliente y les llevaron en helicóptero a tierra firme.
—Buen gesto por parte de T—Bird.
— ¿Verdad que sí?
— ¿Y la grabación de vídeo?