Back Black & Blue Save as PDF
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Gracias —dijo ella, levantándose para acompañarles fuera del despacho—. Ah, la marcha del sábado la organizó un grupo local.

— ¿Qué marcha?

—La que acabó en Duthie Park. Después hubo un concierto.

Rebus asintió con la cabeza: los Dancing Pigs. El día que él había ido a Bannock.

—Puedo darle su teléfono —añadió ella, ahora con una sonrisa más cálida.

Rebus telefoneó a la sede del grupo.

—Busco a una amiga de Alian Mitchison. No sé cómo se llama pero es rubia, de pelo corto y lleva trencitas, con abalorios y cosas de esas; una le cuelga por la frente hasta la nariz. Tiene acento norteamericano.

— ¿Y usted quién es?

Era una voz culta. Sin saber por qué, Rebus se imaginó a un hombre con barba, pero no el Jerry García de falda escocesa. Tenía otro acento.

—Soy el inspector John Rebus. ¿Sabe que Alian Mitchison ha muerto?

Una pausa y una exhalación. Estaba fumando.

—Sí, me enteré. Muy lamentable.

— ¿Le conocía usted bien?

Rebus trataba de recordar las caras de los que aparecían en las fotografías.

—Era un muchacho tímido. Sólo le vi en un par de ocasiones. Un gran admirador de los Dancing Pigs, por eso se esforzó tanto en traerlos para el concierto. Me sorprendió que lo consiguiera. Los bombardeó con cartas, más de cien, figúrese.

— ¿Cómo se llama su novia?

—No se dan nombres a desconocidos. Entiéndame, sólo sé que es policía porque usted lo dice.

—Puedo pasarme por ahí.

—No.

—Escuche, me gustaría hablar con usted...

Pero habían colgado.

— ¿Quieres que vayamos? —preguntó Morton.

Rebus negó con la cabeza.

—No nos diría nada voluntariamente. Además, me da la impresión de que cuando llegásemos se habría marchado. No puedo perder el tiempo.

Rebus tamborileó con el bolígrafo en los dientes. Estaban en su habitación y el teléfono tenía un dispositivo de escucha, que él había conectado para que Morton oyese la conversación. Éste comía ahora las chocolatinas de la víspera.

—La policía local —dijo Rebus cogiendo el auricular—. Seguramente el concierto estaba autorizado y en Queen Street sabían quiénes son los organizadores.

Se haría pasar por un oficial de Regulación de Comercio que indagaba sobre ventas no autorizadas de un concierto anterior de los Dancing Pigs. A Morton le pareció buena idea.

—Aquí John Baxter de Regulación de Comercio de Edimburgo. Le estaba diciendo a su colega...— Pero volvió a cortarse y cuando le pasaron a otro, reconoció la voz del primero con quien había hablado y colgó enfadado.

—Están cabreados porque no han podido armar follón.

— ¿Es un callejón sin salida? —dijo Morton pasándole una taza de té.

—Ni hablar.