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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Rebus vio su propia mano sobre el teléfono. Cogió el auricular y marcó unas cifras.

— ¿Lo pones en duda? —dijo.

—Ni por un instante.

La voz que respondió era brusca y antipática. No era Tío Joe ni Stanley sino uno de los culturistas. Rebus se las ingenió sobre la marcha.

— ¿Está Malky?

Vacilación: sólo sus íntimos le llamaban Malky.

— ¿Quién le llama?

—Dígale que es Johnny. —Hizo una pausa—. De Aberdeen.

—Un momento.

Oyó un ruido procedente del auricular al golpear con una superficie dura. Rebus prestó atención y oyó voces de televisión y aplausos, tal vez un concurso. Quizá Tío Joe o Eve la estaban mirando. A Stanley no le gustarían los concursos. No acertaría una sola pregunta.

— ¡Teléfono! —voceó el culturista.

Al cabo de un rato contestó alguien:

— ¿Quién es?

—Johnny.

— ¿Johnny? —Elevó el tono de voz—: ¿Johnny qué?

—De Aberdeen.

—Diga.

Rebus respiró hondo.

—Procura disimular por tu propio bien. Sé lo de vosotros dos, Eve y tú, y lo que habéis estado haciendo en Aberdeen. Así que si quieres que la cosa no se sepa habla con naturalidad. Que el musculitos ese no sospeche nada.

Se oyó un crujido. Stanley se dio la vuelta y se pegó al teléfono.

—Bueno, ¿y de qué se trata?

—Estáis montando un buen timo y no quiero jodéroslo si no me obligáis, así que no hagáis nada para obligarme. ¿Entendido?

—Tranquilo.

La voz no estaba acostumbrada al tono displicente cuando el cerebro pide sangre.

—Muy bien, Stanley. Eve se sentiría orgullosa de ti. Tenemos que hablar; no sólo tú y yo, sino los tres.

— ¿Con mi padre?

—Con Eve.

—Bien. —Hizo una pausa para calmar la furia—. Sí... no hay problema.

— ¿Esta noche?

—Bueno... sí.

—En la comisaría de Partick.

—Un momento...

—Ése es el trato. Sólo hablar. No es ninguna trampa. Si te importa, cierra el pico hasta que nos pongamos de acuerdo. Si no te gusta podrás marcharte. No habrás dicho nada y nada tendrás que temer. No hay cargos ni trucos. No eres tú quien me interesa. ¿Estamos?

—No sé. ¿Puedo llamarte?

—Es sí o no, ahora. Si es no, puedes pasarme a tu padre.

Hasta los condenados reían con más ganas.

—No, si por mí no hay problema. Pero hay más personas en esto.

—Dile a Eve lo que te acabo de decir. Si ella no viene, no importa; pero tú sí. Os haré pases de visita con nombres falsos. —Rebus miró en un libro abierto que había delante y leyó—: William Pritchard y Madeleine Smith. ¿Me sigues?

—Creo que sí.

—Repite.

—William... no sé qué.

—Pritchard.

—Y Maggie Smith.