Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—A mí también me ha sucedido, Brian —dijo—. Bueno, no he llegado a zurrar pero poco me ha faltado. En ocasiones me he destrozado los nudillos contra la pared.
Holmes estiró sus dedos para enseñar las marcas.
— ¿Lo ves? —terció Rebus—. Lo que yo digo: que te das una paliza. Mental se llevó unas señales, pero desaparecerán. Pero cuando las señales están aquí... —añadió dándose unos golpecitos en la cabeza.
—Quiero que Nell vuelva.
—Lógico.
—Pero también quiero ser policía.
—Tienes que hacerle ver a ella esas dos cosas con claridad.
— ¡Joder! —Holmes se restregó la cara—. Ya lo he intentado...
—Tú siempre has escrito informes excelentes, bien claros, Brian.
— ¿Y qué?
—Si no te salen las palabras, prueba a decírselo por escrito.
— ¿Y le mando la carta?
—Llámalo como quieras. Escribe lo que quieres decirle, explicando si acaso cómo lo sientes.
— ¿Has estado leyendo Cosmopolitan o qué?
—Sólo la página de consultas.
Se echaron a reír de algo tan inane y Holmes se estiró en el sillón.
—Tengo falta de sueño —dijo.
—Hoy te acuestas pronto y mañana escribes la carta a primera hora.
—Sí, a lo mejor lo hago.
Rebus se disponía a marcharse y Holmes le miró.
— ¿No quieres saber nada de Mick Hine?
— ¿Quién es ése?
—El ex presidiario; el último que habló con Lenny Spaven.
Rebus volvió a sentarse.
—Me costó localizarlo. Resulta que no se había marchado de Edimburgo. Duerme por ahí a la buena de Dios.
— ¿Y bien?
—Pues que al fin hablé con él. —Hizo una pausa—. Creo que tú también deberías hacerlo. Tendrás una imagen muy distinta de Lenny Spaven, créeme.
Rebus le creía, aun sin saber por qué. No quería creerle, pero le creía.
Jack Morton se oponía a la idea.
—Mira, John, mi jefe querrá también hablar con ese tal Hine, ¿cierto?
—Cierto.
— ¿Y qué pasará cuando descubra que tu amigo Brian le ha localizado y que tú has hablado con él?
—Pasará de todo, pero él no me lo ha prohibido.