Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Prescindieron del test de saliva, que era el menos fiable, pero le arrancaron pelos de la cabeza.
— ¿No me los podría implantar en las entradas, cuando termine?
La mujer de las pinzas sonrió y siguió con su cometido, diciéndole que tenía que arrancarlos de raíz porque la reacción en cadena de la polimerasa no daba resultado con cabellos cortados. En otros laboratorios disponían de otro test, pero...
— ¿Pero qué?
No contestó. Rebus sabía lo que había insinuado: que con él se lo tomaban en plan tranquilo. Ni Ancram ni nadie esperaba que los análisis caros diesen ningún resultado positivo. El único propósito era fastidiarle y ponerle nervioso. Nada más. Lo sabían los de la científica, y él el primero.
Análisis de sangre —previa anulación del permiso potestativo— y a continuación huellas dactilares, sin contar los hilos y hebras que recogieron de su ropa. «De allí al ordenador —pensó—, y sin haber hecho nada quedo ya para siempre como sospechoso. Cualquiera que investigue en los archivos dentro de veinte años descubrirá que un policía fue interrogado y tuvo que someterse a análisis...» Era lamentable. Ya tenían su ADN, lo que equivalía... a tenerle archivado en persona. Precisamente cuando comenzaba a dar sus primeros pasos el banco de datos de ADN de Escocia... Ojalá hubiese exigido el permiso legal.
Jack Morton estuvo presente durante todo el proceso, apartando la vista. Una vez concluido, al devolverle los zapatos, le dio la impresión de que el personal le miraba, aunque no acababa de estar plenamente seguro. Pete Hewitt —que no había asistido a la toma de huellas— pasó en ese momento por la sala y soltó la gracia del cazador cazado. Morton contuvo a Rebus cogiéndole del brazo y Hewitt se largó a paso ligero.
—Tenemos que ir a Fettes —dijo Morton.
—Por mí, cuando quieras.
—Podríamos primero parar en algún sitio para tomar un café —añadió Morton mirándole.
Rebus sonrió.
— ¿Temes que empiece dándole un puñetazo a Ancram?
—Si piensas hacerlo, ten en cuenta que es zurdo.
—Inspector, ¿alguna objeción a que se grabe el interrogatorio?
— ¿Y qué destino tiene la grabación?
—Se registra el día y la hora y se hace una copia para usted. E igualmente con la trascripción.
—Ninguna objeción.