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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Rebus se sentó frente a él a leer lo de Johnny Biblia. En esta ocasión la víctima era Vanessa Holden; veintisiete años, casada. Las otras víctimas eran solteras. Directora de una empresa que organizaba «presentaciones corporativas», actividad que Rebus no tenía del todo clara. La foto del diario era la habitual: sonreía mirando al fotógrafo, un amigo de la víctima. Melena ondulada hasta los hombros y bonita dentadura; con toda probabilidad jamás se habría planteado morir antes de los ochenta.

—Tenemos que cazar a ese monstruo —dijo Rebus, haciéndose eco de la última frase del artículo.

Estrujó el periódico y cogió el café. Al bajar la vista a la mesa vio de soslayo la cara de Vanessa Holden y tuvo la impresión de conocerla de algo, de algún lugar en que se hubieran cruzado sus miradas. Le tapó el pelo con la mano, pero era una foto antigua y quién sabe si no había cambiado de peinado. Trató de imaginarse el rostro con más años. Ancram, ausente, hablaba con su sicario y no advirtió el respingo de Rebus al recordar por fin aquel rostro.

—Tengo que llamar por teléfono —dijo levantándose.

El teléfono público estaba cerca de la entrada y se veía desde la mesa. Ancram dio su consentimiento con un movimiento de cabeza.

— ¿Qué problema tiene ahora? —inquirió.

—Es domingo y tendría que haber ido a la iglesia. Para tranquilidad del cura.

—Este beicon es más fácil de tragar que eso —replicó Ancram hincando el tenedor en el tocino; pero no le impidió ir al teléfono.

Rebus marcó el número con la esperanza de que le alcanzase la calderilla. Tarifa dominical reducida y, además, en la jefatura de policía de Grampian descolgaron de inmediato.

—El inspector jefe Grogan, por favor —dijo sin quitar ojo a Ancram.

Pero el restaurante estaba lleno de domingueros con niños y no podía oírle.

—Lo siento, está ocupado en este momento.

—Es sobre la última víctima de Johnny Biblia. Llamo desde un teléfono público y tengo poco dinero.

—Un momento, por favor.

Treinta segundos; Ancram le miraba frunciendo el ceño.

—Al habla el inspector jefe Grogan.

—Soy Rebus.

Suspiro de Grogan.

— ¿Qué coño quiere?

—Hacerle un favor.

—No me diga.

—Podría ser el broche de oro de su carrera.

—Escuche, si está gastándome una broma...

—No es ninguna broma. ¿Oyó lo que dije sobre Eve y Stanley Toal?

—Lo oí.

— ¿Piensa tomar medidas?

—Tal vez.

—No deje de tomarlas..., hágame ese favor.

— ¿Y en contrapartida me hace usted su favor de primera división?

—Exacto.

Tos de Grogan para aclararse la garganta.

—De acuerdo.

— ¿De verdad?

—Yo cumplo lo que prometo.

—Escuche, entonces. Acabo de ver una foto de la última víctima de Johnny.

— ¿Y?

—Esa cara la conozco.

Un silencio.