Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Sabía de sobra desde un principio que sería peligroso seguir la pista del Advenedizo, pero difícilmente habría podido sospechar tropezarse con un policía. Y no cualquier policía, sino uno que había estado estudiando el caso de John Biblia. John Rebus, inspector de Edimburgo, con domicilio en Arden Street, y ahora en Aberdeen... Decidió abrir un nuevo archivo para él en el ordenador. Había leído algunos periódicos recientes y creía saber por qué había venido a Aberdeen: un trabajador del petróleo, caído desde la ventana de una vivienda de Edimburgo, por lo que se sospechaba algún asunto turbio. Era lógico llegar a la conclusión de que Rebus trabajaba en ese caso. Pero también que el inspector había estado estudiando el caso de John Biblia. ¿Por qué? ¿En qué le concernía a él?
Y un segundo dato, aún más problemático: Rebus tenía ahora su tarjeta de visita. A él no le diría nada; de momento. Pero podía suceder... cuanto más se acercara al Advenedizo más peligro correría. Con el tiempo, la tarjeta podría cobrar cierto sentido para el policía. ¿Podía asumir tal riesgo? Había dos opciones: acelerar la caza del Advenedizo o poner al policía fuera de juego.
Se lo pensaría. Mientras, tenía que fijar su atención en el Advenedizo.
Su contacto en la Biblioteca Nacional le había explicado que para obtener la tarjeta de lector hacía falta un carnet de identidad o el carnet de conducir. Quizás el Advenedizo se había buscado una identidad igual a la de «Peter Manuel», pero John Biblia lo dudaba. Lo más probable era que el Advenedizo hubiese sabido evitar enseñarlo. Sabía hablar bien, halagar y congraciarse con la gente. No parecería un monstruo: su cara, por el contrario, inspiraría confianza a hombres y mujeres; a mujeres sobre todo. Se le daba bien irse de las discotecas en compañía de mujeres que acababa de conocer un par de horas antes. Eludir una verificación de identidad no le plantearía grandes problemas.