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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Regresaron al piso a que Jack Morton recogiera su coche, pero tuvo que volver a subir con Rebus porque se había dejado el equipaje.

— ¿Y me dejas así, solo? —dijo Rebus.

Morton se echó a reír.

—No tardo ni un minuto.

—Bueno, ya que estás aquí puedes ayudarme a meter las cosas en el cuarto de estar.

Era cosa hecha. Porque además Rebus no pensaba volver a colgar la marina en la pared.

— ¿Y ahora qué vas a hacer?

—Supongo que me arreglaré el diente. Y le prometí a Gill quedar con ella.

— ¿Trabajo o asueto?

—No, no, nada de trabajo.

—Me apuesto cinco libras a que acabáis hablando de trabajo.

Rebus sonrió.

—Seguro que ganas. ¿Y tú?

—Bah, he pensado que ya que estoy aquí a lo mejor paso por Alcohólicos Anónimos a ver si hay una reunión. Hace tiempo que no voy. ¿Me acompañas?

Rebus alzó la vista, inclinando la cabeza.

—Bien —dijo.

—O podemos seguir con la decoración.

Rebus arrugó la nariz.

—Se me han pasado las ganas.

— ¿Ya no lo vendes? —Rebus negó con la cabeza—. ¿Adiós casita junto al mar?

—Jack, voy a quedarme donde estoy. Parece que es lo mío.

— ¿Dónde en concreto?

Rebus pensó la respuesta.

—Al norte del infierno.

Volvió de su paseo dominguero con Gill Templer y metió cinco libras en un sobre con la dirección de Jack Morton. Gill y él habían estado hablando de los Toal y de los norteamericanos, de lo bien que les había venido la declaración grabada, ya que la palabra de Rebus no habría bastado para arrestar a Hayden Fletcher por cómplice de asesinato. Y además iban a trasladarle al sur para el interrogatorio. La semana se presentaba muy ocupada. Estaba limpiando el cuarto de estar cuando sonó el teléfono.

—John, soy Brian.

— ¿Qué, todo bien?

—Muy bien. —Pero lo decía con voz hueca—. Lo he estado pensando... y el caso es que... Voy a presentar la dimisión. —Hizo una pausa—. ¿Se dice así?

—Dios, Brian...

—Es que, mira, he intentado aprender de ti, pero no creo que fuese la elección acertada. Demasiado activo quizá, no sé... No sé, John, tú tienes algo que a mí me falta. Lo que sea. —Tras una pausa más larga—: Y, además, sinceramente, no estoy seguro de que quiera eso.

—No tienes que ser como yo para ser buen policía, Brian. Y habrá quien diga incluso que debes esforzarte por ser lo que precisamente yo no soy.

—Bueno..., he intentado las dos cosas y no acabo de decidirme. No me gusta ninguna.

—Lo siento, Brian.

—Nos vemos, ¿eh?

—Claro, hijo. Cuídate.