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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Yo diría que te quedas corto. ¿Quién era el de la pistola?

—Judd Fuller, el norteamericano.

—Vamos a pedir refuerzos en el primer teléfono que encontremos.

—No.

Morton se volvió hacia él.

— ¿No? —Rebus meneaba la cabeza de un lado a otro—. ¿Por qué?

—Era un riesgo calculado, Jack.

—Pues ya es hora de que te compres otra calculadora.

—Creo que dio resultado. Ahora sólo falta dar tiempo al tiempo.

Morton se quedó pensativo.

— ¿Qué intentas, ponerlos a unos en contra de los otros? —Una inclinación de cabeza—. Tú nunca sigues las reglas, ¿verdad? ¿El recado era de Eve? —Otra inclinación de cabeza—. ¿Y decidiste dejarme al margen? ¿Sabes una cosa? Cuando vi que no tenía las llaves me cabreé tanto que estuve a punto de decir: «A tomar por culo, que haga lo que quiera; que se juegue el pellejo».

—A punto he estado.

—Eres un gilipollas de órdago.

—Años de intensa práctica, Jack. Anda, para y desátame.

—Te prefiero atado. ¿Vamos a urgencias o llamamos a un médico?

—No hace falta.

La nariz había dejado de sangrarle y el diente roto no le dolía.

—Bueno, ¿y qué has hecho allí?

—Le di cuerda a Fuller y averigüé que Hayden Fletcher pagó al asesino de Alian Mitchison.

— ¿Y no había un modo mejor de hacerlo? —Morton movió la cabeza lentamente—. Aunque llegase a los cien años seguiría sin entenderte.

—Me lo tomo como un cumplido —dijo Rebus descansando en el reposacabezas.

En el hotel decidieron que debían marcharse de Aberdeen. Rebus se dio un baño y Morton le examinó las heridas.

—Ese Fuller es todo un sádico.

—Pidió disculpas al empezar —dijo Rebus mirando en el espejo su sonrisa mellada.

Le dolía todo el cuerpo, pero estaba vivo, y para eso no necesitaba un médico. Metieron sus cosas en el coche, firmaron la cuenta y se marcharon.

—Vaya colofón a las vacaciones —comentó Morton.

Pero su interlocutor ya se había dormido.

Cuando tuvo reducida la lista a cuatro individuos y cuatro empresas llegó el momento de utilizar la «clave»: Vanessa Holden.

Los otros sospechosos resultaron demasiado viejos, y el apellidado Alex era una mujer.

John Biblia llamó desde su despacho con la puerta cerrada. Tenía ante sí el bloc de notas. Cuatro empresas, cuatro individuos.

Eskflo James Mackinley

LancerTech Martin Davidson

Gribbin's Steven Jackobs

Yetland Oliver Howison

Llamó a la empresa de Vanessa Holden. Contestó una recepcionista.

—Buenas —dijo—. Aquí el DIC de Queen Street, sargento Collier. Una pregunta: ¿ustedes han hecho algún trabajo para Eskflo Fabrication?

— ¿Eskflo? Le paso al señor Westerman.

John Biblia anotó el nombre y cuando Westerman se puso al aparato le repitió la pregunta.

— ¿Tiene algo que ver con Vanessa? —inquirió el hombre.