Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Vamos, Jack. He estado en Glasgow, ¿te acuerdas? Y allí vi buenos trajes, alhajas y hasta presunción.
—Les gusta vestir bien para sentirse importantes.
— ¿Y no se lo subvenciona el Tío Joe?
—No lo sé.
Morton alzó el periódico para taparse la cara.
Asunto zanjado. En ese momento entró Kayleigh Burgess.
Le vio de inmediato y el rubor tiñó su cuello. Cuando llegó junto a Rebus, que se levantó del asiento, le había subido hasta las mejillas.
—Inspector, recibió mi mensaje... —Rebus asintió con la cabeza sosteniéndole la mirada—. Le agradezco que haya venido.
Se volvió hacia Jack Morton.
—Inspector Morton —se presentó Jack, dándole la mano.
— ¿Le apetece un té?
Rebus le indicó con un gesto una silla y ella se sentó.
— ¿Y bien? —dijo, decidido a no volver a facilitarle las cosas.
Ella tenía el bolso en el regazo y retorcía la correa.
—Mire, quería excusarme con usted —dijo mirándole; luego apartó la vista y lanzó un suspiro—. Yo no le he dicho nada de esos recortes al inspector jefe Ancram. Ni tampoco que Fergus McLure conocía a Spaven.
—Pero sabe que él lo sabe.
—Se lo contó Eamonn.
— ¿Y a Eamonn quién se lo dijo?
—Yo. No sabía qué hacer con ello... Tenía que contárselo a alguien. Y como trabajamos en equipo se lo comenté, haciéndole prometer que no lo divulgaría.
—Pues lo hizo.
Ella asintió con la cabeza.
—Fue directamente al teléfono a decírselo a Ancram. Mire, es que a Eamonn... le deslumbran los jefes de policía. Si yo investigo algo de inspectores, a él le gusta pasar por encima y hablar con los superiores y saber lo que se cuece en las alturas.
Además, usted no le ha causado muy buena impresión, precisamente.
—Fue un accidente. Tropecé.
—Si usted lo dice...
— ¿Qué se ve en la filmación?
Ella reflexionó un instante.
—Era una toma por detrás de Eamonn y casi no se ve más que su espalda.
— ¿Y a mí no se me ve?
—No he dicho eso. Usted, aténgase a su versión.
Rebus asintió con la cabeza, captando su intención.
—Gracias. Pero ¿por qué Eamonn habló con Ancram y no con mi jefe?
—Porque Breen sabía que Ancram era el encargado de la investigación.
— ¿Y eso cómo lo sabía?
—Radio macuto.
Una radio macuto con muchos locutores. Volvía a pensar en Jim Stevens, mirando hacia su ventana desde la calle... Provocando...
—Otra cosa —dijo con un suspiro—. ¿Sabe algo de un allanamiento en mi piso?
— ¿Yo, por qué? —replicó ella enarcando las cejas.
— ¿Recuerda los recortes sobre John Biblia que tenía en el armarito? Forzaron la puerta del piso sólo por eso.
—No hemos sido nosotros —apostilló ella con repetidos gestos negativos de la cabeza.
— ¿No?
— ¿Allanamiento de morada? Por Dios bendito, somos periodistas.