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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Hicieron un descanso y fueron a pie a Marchmont Road a comprar comestibles. Morton iba en mono, alegando que así se sentía agente secreto. Salió sin limpiarse una mancha de pintura en la cara. Lo estaba pasando bien. No había parado de tararear las canciones aun sin saberse la letra de muchas de ellas. Compraron cosas de comer, fatales casi todas —hidratos de carbono—, pero agregaron cuatro manzanas y un par de plátanos. Morton preguntó si compraba cerveza. Rebus negó con la cabeza y optó por IrnBru y zumo de naranja.

— ¿Y a qué se debe todo esto? —preguntó Morton de vuelta en la casa.

—Es por aclarar la mente y tener tiempo para pensar... —respondió Rebus—. No sé, a lo mejor me da por venderlo.

— ¿El piso?

Rebus asintió.

— ¿Y qué harías exactamente?

—Podría comprarme un billete para dar la vuelta al mundo, ¿no? Cogería seis meses de vacaciones. O, si no, puedo meter el dinero en el banco y vivir de los intereses. —Hizo una pausa—. O comprarme algo fuera de la ciudad.

— ¿Dónde?

—A orillas del mar.

—Sería bonito.

— ¿Bonito? —Hizo un gesto de escepticismo—. Supongo que sí. Tengo ganas de un cambio.

— ¿Pero junto a la playa?

—O en un acantilado, ¿quién sabe?

— ¿Y cuál ha sido el detonante?

Rebus reflexionó un instante.

—Noto que esta casa ya no es mi castillo inviolable.

—Bueno, pero las cosas las hemos comprado antes de ver que habían entrado.

Rebus no supo qué decir.

Trabajaron el resto de la tarde con las ventanas abiertas para ventilar las emanaciones de la pintura.

— ¿Y yo tengo que dormir aquí esta noche? —inquirió Morton.

—En la habitación libre.

Sonó el teléfono a las cinco y media. Rebus lo cogió justo cuando se conectaba el contestador.

—Diga.

—John, soy Brian. Siobhan me ha dicho que habías vuelto.

—Claro, no lo va a saber ella... ¿Cómo estás?

—No sé si preguntarte lo mismo.

—Estoy bien.

—Yo también.

—Tú no eres lo mejor de la semana del inspector jefe Ancram.

Jack Morton comenzó a interesarse por la llamada.

—Puede que no; tampoco manda en mí.

—Pero tiene influencia.

—Pues que la tenga.

—Brian, sé lo que estás pasando y querría hablar de ello. ¿Podemos pasar a verte?

— ¿Podemos?

—Es largo de contar.

—Podría pasar yo por tu casa.

—Lo tengo todo patas arriba. Estaremos ahí dentro de una hora, ¿de acuerdo?

Holmes dudaba pero al final dijo que sí.

—Brian, te presento a Jack Morton, un viejo amigo mío. Está en el DIC de Falkirk, y ahora adscrito a John Rebus.

Morton dirigió un guiño a Holmes. Se había limpiado la pintura de la cara y las manos.

—Lo que él quiere decir es que se supone que estoy encargado de impedir que se meta en líos.

—En plan casco azul, ¿eh? Pasad.