Chapters (29)
También recuperé otro placer abandonado hacía mucho tiempo, empezando por el libro que me había traído Sid, para luego pasar a visitar a conocidos de mis tiempos universitarios y después a otros, indiscriminadamente, de todo desde Alejandro Dumas a Zora Neale Hurston y Joanna Russ. No mucho después, sentí intriga por los utensilios de cocina vintage y empecé a rondar por tiendas de segunda mano o beneficencia y mercadillos en busca de cazuelas de cobre, cafeteras de filtro, cristal de los tiempos de la depresión, artículos de estaño. En ese punto, suponiendo que ya era un caso perdido, empecé a preocuparme. Antes de darme cuenta me aficionaría a hacer ganchillo, jugar al golf o coleccionar mariposas. Una mañana despertaría con las estanterías llenas de figuritas de porcelana de pastores.
Una historia que leí era sobre un neandertal que vivía en el presente. Tenía un cobertizo al fondo de un callejón, sobrevivía haciendo chapuzas, se conducía con discreción y moraba entre las sombras, siempre a ras de suelo. El suyo era un mundo atenuado. Todos a su alrededor eran más listos, rápidos, ágiles y veloces. Todos encajaban. Casi todas las mañanas yo miraba en torno y sabía exactamente cómo se sentía.
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Tengo fechas, horas y detalles de la investigación introducidos en el ordenador, pero a la hora de escribir esto he preferido no consultarlos. Los puntos sobre una línea nunca se acercan siquiera a la experiencia en sí. E incluso mientras lo retomas para inspeccionarlo de cerca, el pasado cambia.
KC vino a Sunny Slope una tarde justo cuando empezaba a decaer la luz del día para decirme que habían encontrado el cadáver de Cal. Estábamos sirviendo la cena, pastel de carne con patatas enriquecido con espinacas, ensalada de lechuga iceberg, pepino y peras pochadas. Un término medio entre la comida para levantar el ánimo y lo que los pacientes considerarían, si no de alta cocina, al menos una buena ración.