Chapters (29)
Mucha más lejía, y océano, y humo, luego noté vibraciones en el suelo detrás de mí. Pisadas. Muy cerca. Un pie me hurgó, instantes después se introdujo bajo mi cuerpo y empujó para darme la vuelta, se retiró. Respiraba de forma tan superficial como podía. Aparecieron en el margen de mi visión tres dedos de un pie descalzo. Se detuvo ahí. Me dio una patada en la cabeza. Ya no alcanzaba a ver el pie, pero poco después noté que quienquiera que fuese tiraba con fuerza de mi bota. Ahí abajo, seguramente de rodillas, intentaba quitarme la bota.
Tenía que aprovechar la ocasión, junto con la posibilidad de que solo fuera uno. Cuchillo en mano, hice la abdominal más rápida de mi vida y lancé un tajo —a ciegas, por intuición— hacia donde me pareció que se encontraba. Era pequeño. Y estaba sentado, no de rodillas. El cuchillo lo alcanzó en toda la garganta. Me cubrió una rociada de sangre propulsada por el aire que salió a presión de la tráquea rota. Su rostro no cambió de expresión en ningún momento. Aún tenía mi bota agarrada cuando se desplomó.
Es posible que tuviera doce o trece años.
Podía ser carne de cañón, claro. En las ciudades los reclutaban cada vez más jóvenes. Pero también era posible que sencillamente se hubiera encontrado un arma abandonada y la hubiera recogido. Esperé un poco más y, al no aparecer ningún otro, me decanté por esto último.
Transcurrió casi un día entero, según me dicen. Para mí son todo imágenes diluidas, borrosas: oscuridad que se derrama desde el centro luminoso, zigzags de ceguera, flashes, destellos, espacios vacíos. Creía firmemente estar volviendo a la base, con el sol siempre a la izquierda, pero el sol no paraba quieto, el sol estaba por todas partes, a la derecha, a la izquierda, mucho más adelante, detrás.
Otro vehículo de patrulla me encontró por casualidad. Pregunté si habían ido para llevarme a casa. Cuando me preguntaron dónde estaba mi casa, no lo recordaba. Teníamos pollos, les dije.
Los recuerdos del escenario, dónde habíamos estado, se habían esfumado. Les conté lo que pude, y una unidad regresó adonde me habían recogido. Al final, localizaron el vehículo, pero los dos cadáveres habían desaparecido. Las chapas de identificación de Oscar aparecieron en mi bolsillo. No recordaba haberlas cogido.