Chapters (29)
Desde mi última visita, una de las auxiliares había arreglado la habitación con un jarrón de flores, un par de chucherías, una funda de almohada y un cojín nuevos, todo ello en los tonos verdes en que acostumbraba a vestir la señora Whit.
—Feliz cumpleaños, Mitty —le dije. La enfermera encargada me había prevenido.
—Otro más —respondió—. Hace tiempo que se me acabaron los dedos de las manos y los pies. Y la paciencia.
—Pasan volando, ¿verdad?
—Cual ruiseñores.
Eso es. Descienden un momento, revolotean y se esfuman.
—Son criaturillas de lo más desagradables, claro. Siempre andan persiguiéndose. —Tomó un bocado de la tarta de té que le había llevado, su preferida. Un asistente había puesto una porción en un platillo y guardó el resto en el frigorífico para más adelante. Le resbalaron unas migas por la barbilla a la señora Whit. Bajó la vista para verlas caer de allí a su albornoz—. Me alegra que hayas venido.
Nos hicimos compañía mientras se acababa la tarta, tomaba media taza de té y al final se quedaba dormida. Le dije que me gustaba lo que había hecho con la habitación. Respondió que era cosa de Geri, la chica nueva, muy lista. Una joven amable, aunque no supiera ni deletrear su propio nombre. Me habló de un programa de televisión que veía con asiduidad, con un montón de personajes que trababan y destrababan relaciones románticas en permutaciones inverosímiles. A juzgar por sus palabras y el contenido, sospecho que no era actual, sino una serie que había visto hacía mucho tiempo.
Al día siguiente llamaron del Slope. Andrea me pasó la llamada, una enfermera puso al teléfono a la señora Whit. No había mucho aliento tras sus palabras, cortadas por las pausas caían también en su interior. Quería decirme lo mucho que significaban para ella mis visitas de los jueves. Las visitas no eran siempre en jueves ni mucho menos, y tampoco las hacía con regularidad, solo cuando pasaba por allí, pero en su imaginación, sí, los jueves. Las pequeñas ceremonias nos ayudan a mantener nuestras vidas en su sitio.
Al fondo se oía hablar a otros. Dije que pasaría a verla la semana siguiente.
Murió esa noche hacia las once.