Chapters (29)
Para cuando volví a comisaría caí en la cuenta de que tenía que haber ido a hablar ante la promoción de estudiantes que iba a graduarse en el instituto de secundaria Burton —era un bolo que Cal hacía todos los años— y llamé para quedar otro día. La ayudante del director Morley, la señorita Hester, no tanto el alma del centro como la dura simiente del mismo, accedió a regañadientes a darme una segunda oportunidad. Era una terrible imposición en su agenda.
Lo que callamos, como siempre, queda ardiendo con ferocidad.
8
Esa tarde, la luz se negaba a desvanecerse sin ofrecer resistencia. A título personal, yo ya me había dado por vencida una hora antes, había fichado al salir y comprado la cena en Cecil’s de camino a casa. Ahora, el sol de última hora se aferraba a los espacios abiertos, las paredes y las copas de los árboles, y se prolongaba en una franja cada vez más angosta siguiendo el horizonte.
Estaba sentada en la parte de atrás con un bocado de verdura, procurando no dar demasiadas vueltas a los pegotes de grasa de beicon como aliño ni a los misteriosos trocitos de carne en su interior, cuando sonó el teléfono. Había recordado activar el contestador automático, así que saltó. No dejaron mensaje. El móvil también estaba por ahí, seguramente apagado o sin batería.
Esa tarde había invertido, más bien malgastado o desperdiciado, horas en una reunión. Stu Coleman planeaba adquirir unos terrenos en las afueras de la ciudad para urbanizarlos y había solicitado su recalificación y las licencias pertinentes; la reunión se había concertado semanas antes. Yo era la sustituta, la suplente de Cal. Y más que nada estaba recordando consejos que había dado. Cuando no sepas qué está pasando, guarda silencio. Cuando alguien te mire, haz como que estás profundamente pensativa.