Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

—Soy ayudante de abogado. En un bufete que lleva sobre todo pleitos por violación de derechos civiles y discriminación. Es curioso cómo cambian las cosas. Me eduqué en una familia estricta, religiosa, generaciones de conservadores acreditados, con los papeles de género y de raza claramente definidos, y aquí estoy, trabajando día tras día con la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, los sindicatos, el Centro Jurídico contra la Pobreza en el Sur. La hijita de papá se ha hecho toda una mujer, pero mira cuántas cosas han pasado.

Para cuando yo había terminado los huevos y tres tazas de té caliente, tuve la sensación de que iba a quedarse todo en mi estómago. Pero si me quedaba mucho más rato allí, todo saldría de una manera distinta. Se me había agotado la poca energía que tenía. Alguien tendría que venir a recogerme a paladas del reservado y llevarme de allí cargada sobre los hombros.

Recuerdo que me miré la mano en la mesa y la vi como si fuese de otra persona, como si en cualquier instante fuera a asustarse y huir, arrastrándose sobre la mesa.

Marta y yo emitimos los sonidos habituales acerca de volver a vernos, pero no fueron más que un traqueteo que resonó a vacío. Tres días después iba en un Dodge Dart geriátrico, el coche más barato que encontré, y también traqueteaba, rumbo al oeste.

5

Los cuervos, según resulta, están muy interesados en la muerte. Tira un trozo de plástico o papel negro arrugado al suelo y se reúnen, lo tienen a la vista, a veces durante horas, antes de acercarse. Si te sitúas entre ellos con uno de los suyos muerto en la mano, te eluden, te regañan, se lanzan en picado. Se acordarán de tu cara. En presencia de un cuervo muerto, arracimados en grupos como están, parecen guardar luto. Los científicos creen que están estudiando la muerte, qué es y cómo ocurre; que están aprendiendo a comprenderla.

Y así, seguimos.

Y aparezco en algún lugar en mitad del país, algún lugar en mitad de mi vida, acostada junto a un hombre llamado Yves que compone, con una intensa y solitaria exhalación entre uno y el siguiente, epitafios que podrían adornar nuestras lápidas.

«¡Te pillé!».

«Se acabaron las preocupaciones».

«¿Eso es todo? ¿Nada más?».

«Sarah ha desaparecido».

Sí, estamos tan alegres, mientras el sol entra con fuerza por la ventana abierta después del chaparrón que acaba de caer y el viento hurga entre las cortinas.

Entonces me suelta lo de los cuervos.