Back Sarah Jane Save as PDF
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Luego se fue a la universidad gracias a una beca, porque si no le habría sido imposible, y todo cambió. La comida, las actitudes, los acentos, la ropa, las maneras de pensar: no había tenido la menor idea de que existiera semejante variedad. Ni idea de que la gente poseyera tantas cosas o creyera tantas cosas y despreciara a quien no las creyese.

En su primer año, había tenido un profesor estupendo de historia americana, que fue quien le llevó a plantearse por primera vez la posibilidad de entrar en política. Pero, a medida que fue profundizando en esa historia, con su propia experiencia como baremo de comparación, entendió que cualquier forma de gobierno acarreaba un deseo implacable de ejercer mayor control, de autopreservación. Lo que hacía falta no era más gobierno sino protección de sus excesos. Salvaguardas. Personas que plantaran cara. Desobediencia civil. Desafíos legales.

Su pareja por entonces era más de la cuerda de Spengler: todas las culturas comienzan como cultos, con ejercicios espirituales que aspiran a canalizar la lucha por la supervivencia en una supuesta búsqueda de ideales. Pero luego, conforme la cultura madura, sus instituciones toman el poder, sustituyendo el idealismo de sus inicios.

—En ese batiburrillo vivía yo —dijo Sid—. Salvación. Perdición. Redención.

—Palabras altisonantes.

—Que nunca nos traen la felicidad. Pero sobreviví al batiburrillo, a la ruptura e incluso a mi propia seriedad tan pesada.

—Un tipo duro.

—Se puede llegar muy lejos a fuerza de terquedad.

Por lo que al ejército respecta, no se había alistado, pero había representado a muchos que sí. Los heridos, lisiados, desechados, enfermos de cáncer, cubiertos de cicatrices indelebles. Promesas que nadie tenía intención de cumplir les habían arrancado pedazos que quedaron tirados por ahí.

—Creo que más vale que volvamos a trabajar, ¿no? —dijo Sid cuando íbamos por el tercer café. Había apilado los envases individuales vacíos de leche semidesnatada introduciendo uno dentro de otro, un total de seis—. Mantén el contrato social. Defiende las normas comunitarias. Echa leña al fuego.

Se levantó para llevar los platos, utensilios y restos de comida al lugar dispuesto a tal efecto al final de la barra.

—La leña sigue ahí, al fondo de la chimenea, sobre un fuego tan bajo que a veces parece que se ha apagado. Llevamos doscientos cincuenta años echando astillas.

14