Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Todo el mundo se cree que somos distintos de los demás, los perros, los gatos, las jirafas, los insectos. Que ellos solo actúan por instinto, guiados por la reacción a sus necesidades básicas. Al día siguiente, otra vez entre los pollos, decidí que todo el mundo se equivocaba. Que los escarabajos tenían conciencia. Un sentido de sí mismos como seres individuales. Los pollos también. Experimentan dolor, miedo, confusión. Cuando enferman o resultan heridos, se esfuerzan por no morir, por seguir adelante. Planifican. Se ponen a prueba. Sufren. Los nuestros conocerían tres lugares en el mundo: donde salieron del cascarón, nuestros gallineros y el matadero. No era una gran vida. Y al modo de los niños casi sin palabras, empecé a preguntarme hasta qué punto era diferente la nuestra.

Había estado alejándome a velocidad constante de Farr, los pensamientos apilándose en mi cabeza como capas de pizarra quebradiza, sorprendida de nuevo por el número de granjas y casitas abandonadas. A veces da la impresión de que todo se apaga y el mundo entero se torna gris hacia los márgenes.

En el siguiente cruce, di media vuelta y emprendí el camino de regreso.

9

Pasé el resto de la mañana al teléfono, llamando a todos los sheriffs y comisarías de esta parte del estado. Enviamos un comunicado sobre Cal a todas las agencias y alertas a los periódicos y las emisoras del área, pero quería añadir una voz humana a la mezcla. Incluso llamé al FBI local en la capital. Esos tíos parecen ser más que nada contables y abogados de alguna clase. El que contestó era un chupatintas que habría enorgullecido a la burocracia rusa de 1900. Estoy casi seguro de que leía lo que decía en algún manual. Le hacía una pregunta o un comentario y había una pausa seguida por una respuesta perfectamente gramatical que tenía quizá un treinta por ciento de relevancia con respecto a lo que había dicho yo. Vencí el impulso de ver hasta dónde podía forzar la situación, le di las gracias y colgué.

Me disponía a almorzar tarde cuando llamó Sammy Brocato. Sammy poseía y gestionaba unos almacenes, suministrando sobre todo a restaurantes, y el inventario semanal no cuadraba. No había indicios de que hubieran forzado la entrada, pero faltaba lo suficiente como para sospechar que le habían robado. Una docena de cajas de sopa en lata, otro par de docenas de verduras, picadillo de carne con maíz y melocotones. No estamos hablando de ladrones a lo grande, advirtió Sammy, pero si está desapareciendo mercancía por la puerta de atrás en manos de alguien, sobre todo si es alguno de los míos, tengo que saberlo.