Back Sarah Jane Save as PDF
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

KC era la última persona de quien habría sospechado un sesgo filosófico, pero la gente rara vez es como creemos. El doctor Balducci: «Siempre lo particular. Las abstracciones te sofocan como una almohada sobre la cara hasta morir. No existe una teoría del todo. No existe una teoría de nada». Y, sin embargo, parecemos programados para llegar a esas abstracciones.

—Lo siento, Sarah. Me ha afectado lo que hemos visto ahí.

—¿El aire de soledad?

—Más bien lo ordenado que estaba, ahora que lo pienso. Todo en su sitio. La ausencia de barullo. Todas las vidas que conozco son desordenadas.

10

Allá por mi sexto día como poli en Farr, una limusina Lincoln enfiló Walnut Street a lo que más adelante los investigadores de la patrulla de carreteras determinaron que era ciento cinco kilómetros por hora y se estrelló contra la Farmacia Sutton. Como todo el mundo en el centro, lo oímos. Cal y yo estábamos en comisaría revisando procedimientos y papeleo. Para cuando salimos, la mayor parte del pueblo ya estaba allí curioseando qué había pasado.

La mitad del escaparate había desaparecido. Asomaban el maletero y la parte posterior de la limusina. Había pedazos de la luna del establecimiento por todas partes, algunos con letras pintadas reconocibles, S en uno, FA en otro. El techo y la azotea, justo encima, se habían hundido sobre el coche.

«Por ahí», dijo alguien sin que Cal lo preguntara; el alcalde, averiguaría yo más adelante. Un callejón improvisado allí atrás donde los comercios dejaban los cubos de basura para que los recogieran, luego veinte metros o así hasta donde empezaba la arboleda.

Lo encontramos nada más internarnos entre los árboles, desplomado boca abajo, y le dimos la vuelta. No respondía, su respiración era muy poco profunda. Tenía un globo ocular inyectado en sangre, una brecha tan profunda en la cabeza que se veían capas de piel y músculo, como en una ilustración anatómica. Me dispuse a controlar las constantes vitales y ofrecerle los primeros auxilios que pudiera mientras Cal solicitaba atención médica. Respuesta sobre el terreno: volvía de mis tiempos en el extranjero como si nunca los hubiera olvidado.