Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

—Lo encontró Mills, no respondía, apenas respiraba. Había vomitado y aspirado; además, el cuello y la tráquea habían sufrido graves daños en la agresión. Estuvo una temporada con respiración asistida, se la retiraron pero siguió en coma profundo durante meses, luego revivió inesperadamente y fue tirando durante diez u once meses antes de volver a quedar en coma. Hará unos dos años, despertó de nuevo antes de quedar fuera de juego de una vez por todas, con solo una última y breve racha de mejoría. Su mujer también desapareció la noche del incidente, es posible que la raptara el agresor, es posible... Quién sabe, dijo mi informador. Pero Pryor Mills siguió con él, le hablaba, ayudaba a cuidarlo, hasta el final.

KC guardó silencio. Deja espacio, le había dicho yo. La gente habla cuando hay silencio.

Miró hacia la ventana.

—No hay antecedentes de Sarah Jane Pullman en Nuevo México, ni allí de donde dices que eres.

—No.

—El cambio de nombre debió de haber sido inmediatamente después.

—Lo fue.

Por entonces, sus pensamientos más sintonizados con la culpa, la traición y la desconfianza de sí mismo, KC no debió de imaginar siquiera la admiración que me produjeron sus aptitudes. Tuve ocasión de decírselo más adelante, una vez volvimos a cambiar de sitios, antes de que le pegaran un tiro en la cabeza.

—Es verdad que no lo sabías, ¿verdad, Sarah? Lo que ocurrió.

—Mi única intención era neutralizarlo y escapar con vida. Una vez lo hice, guardé tanta distancia como pude.

—¿Nunca volviste a ver qué había pasado?

—Si dejas miguitas de pan, tarde o temprano alguien acaba siguiéndolas.

Agachó la cabeza, luego me sostuvo la mirada.

—Es una carga muy pesada que llevar por ahí, Sarah.

—Todos llevamos nuestro lastre.

—No creo que...

¿Que maté a Mills?

—Claro que sí. Tienes que creerlo.

—Y tengo que recordar cómo durante todo este tiempo me has dicho que nunca podemos llegar a conocer a otra persona, que cualquiera es capaz de cualquier cosa si recibe el empujón adecuado.

Había empezado a decir algo más cuando sonó el teléfono. Contestó sin saludar, respondió con un sí, un vale y un no antes de colgar.

—Perdona. —Garabateó una nota, dos, quizá tres palabras—. Otros quieren que meta en el asunto a la policía estatal.

—Sería apropiado.

—Es cosa mía. Aunque no debería serlo. Ni quiero que lo sea, ni tengo derecho alguno a estar aquí sentado.

—Yo siempre me he sentido igual. Hay que tener cuidado con cualquiera que no se sienta así.

—Muy poco de lo que acabo de decir ha quedado por escrito, Sarah, no de manera que cobre sentido.

Aguardé.

—Entonces, ¿eso es todo por ahora?

—¿Estarás en casa? ¿Si te necesito?

—Claro.