Chapters (29)
Una llamada de seguimiento del jefe de policía de Nuevo México resultó, si no comunicativa, al menos sugerente. Escuchó mientras KC le transmitía los resultados oficiales de la autopsia (múltiples heridas en cara y extremidades, todas sufridas premórtem, indicios de ataduras, el cuello roto) antes de decir en confianza que la baja por motivos personales que se había tomado el agente Mills había sido en realidad una baja administrativa. El jefe eludió con destreza hacer más revelaciones. Un único momento de sinceridad, el resto un elaborado juego de piernas.
En privado, el doctor Gilley le dijo a KC que el cuello roto se había producido de manera rápida y certera, pero antes, seguramente durante un rato, había tenido lugar un... diálogo.
KC me siguió al despacho esa mañana con café para los dos. Se había quedado después de acabar su turno para verme. Eso era interesante. Nos sostuvimos la mirada un momento por encima de los bordes de las tazas. No habría estado fuera de lugar que sonara música de spaghetti western. Largos y lentos primeros planos.
—Volví a llamar a Nuevo México anoche a última hora, Sarah. Esperé hasta estar seguro de que el jefe se habría ido, para así poder hablar de soldado raso a soldado raso. Espero que te parezca bien.
—¿Por qué no iba a parecerme bien? Eres el agente a cargo de la investigación.
—Eso dije a modo de presentación. Soy nuevo en esto, las botas me vienen muy grandes, noto que me bailan los pies dentro. Con la jefa atenta a todos y cada uno de mis pasos.
Buena treta. Estaba orgullosa de mi chico. Qué rápido crecen.
Había hablado con un tal agente Guzman. Camino de los treinta a juzgar por su voz, restos de acento español también. ¿Mills? Claro. Llevaba mucho tiempo en el cuerpo, los había preparado a más de la mitad de ellos. Ya no se pasaba mucho por allí, desde aquello del inspector.
KC se adelantó en el asiento.
—Me di cuenta de que había encontrado el hilo, Sarah. «Aquello del inspector». Tiré de él con todas mis fuerzas.
Antes de un mes KC y yo habíamos cambiado los sitios, él detrás de la mesa y yo delante. Estaba ahí sentado, tirando todavía del hilo, sintiendo aún la necesidad de disculparse, mientras la conversación continuaba más o menos como antes.
—Pryor Mills y Brian Hubble eran amigos de juventud, sirvieron en el ejército en costas distintas de Estados Unidos, Mills como policía militar, luego volvió a Kern, ingresó en el cuerpo de policía allí. Hace algo más de ocho años el inspector Hubble fue víctima de una agresión por parte de un atacante desconocido.
KC estaba atento a los tics, claro. Reacción, movimiento ocular, pequeños cambios.