Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Le di las gracias y, al ver que se demoraba, le pregunté si había algo más.

—Supongo que sí, Sarah. Esto... —señaló las carpetas encima de mi mesa— tiene tela. La gente se pregunta por qué no estás llevando la voz cantante.

—¿Gente como tú?

—Yo entre ellos, sí.

—¿Hay alguna razón por la que no puedas llevar tú la voz cantante?

—No, señora.

—¿Estás preparado?

—Eso espero.

—Todo lo que veo aquí es muy sólido, KC, un pie delante del otro mientras yo vigilo a distancia. Sin bajar la guardia.

—No sé...

—¿Crees que yo estaba preparada para dirigir el cotarro el día que me encontré haciéndolo?

—Sí, señora, lo creo.

—Ojalá hubiera tenido tu confianza, entonces o ahora. Lo que nos deja a ti y a mí más o menos en el mismo sitio.

Sonrió y sacó el móvil para mirar la hora, pasando por alto el reloj de pared a su espalda.

—Te lo agradezco, Sarah. Es hora de que haga la ronda de medianoche. Hay que demostrar a los ciudadanos que el cuerpo de policía cumple su deber.

—Brag acaba de poner a punto el coche. Disfrútalo mientras puedas.

—La verdad es que echo de menos los traqueteos y bamboleos. A las dos de la madrugada, te ayudan a seguir despierto.

—Bueno, seguro que no tardan en volver.

El paquete no tenía más que un apartado de correos como remite. Dentro del sobre acolchado había uno de esos cuadernos de redacción con páginas pautadas y cubiertas jaspeadas en blanco y negro. Reconocí la caligrafía de inmediato.

El mundo sigue adelante ahí fuera. Curiosamente, le va bien sin ti. Parece inevitable y al mismo tiempo no está nada bien. Todos y cada uno de los pensamientos que llevamos con nosotros sobrevuela su reflejo invertido.

Varias páginas más adelante:

Un viaje alrededor de mi habitación, con sus dos sillas, la mesa, las estanterías, la cama estrecha, llevaría cuatro minutos, o toda la eternidad. Rara vez salgo de mi cuarto, paso semanas sin oír ninguna voz, sin ver otra cara. Aun así, algunos de los ratos más interesantes (¿quién iba a decirlo?) son esos en los que miro a mi alrededor, quizá la lechada medio desprendida de las baldosas de la cocina o el marco combado de la ventana, o escucho el crujir de las tablas del suelo cuando camino sobre ellas, y por un momento, solo por un momento fantástico, estimulante, no sé dónde estoy.

El polvo de mi historia, del recuerdo, se posa sobre todas las superficies.

Allá en la única época de mi vida en que veía la tele, cuando estaba en desintoxicación, había esas tres o cuatro ideas supuestamente geniales que se insertaban, cual pivotes, en casi todos los puñeteros guiones, en todas las series.