Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Salí de trabajar temprano después del funeral, les dije a todos que estaría de guardia si me necesitaban, pero que por favor no lo hicieran, y me fui a casa con la esperanza de recuperar el tiempo perdido y compensar las citas que me había saltado en serie con Sid. Él no estaría libre hasta después de una hora o así, me advirtió por teléfono, así que le dije que prepararía la cena. Nunca me doy cuenta de lo mucho que lo echo en falta hasta que vuelvo a estar en la cocina. Hacía mucho tiempo que no ocurría, un día tras otro apañados a base de manzanas, queso, sobras más dispares que los retazos de un edredón y (cuando reunía energía y ambición suficientes) imaginativos sándwiches. En cuanto empezaron a crepitar las cebollas en la sartén, me sentí de mejor ánimo. Una buena tortilla esponjosa, estaba pensando, con parmesano bien ralladito dentro. O podía saltear un poco de ese chorizo que tenía en el frigorífico, añadir espinacas. Igual pasta con olivas. ¿Y cuándo era la última ocasión que había echado mano a unos higos frescos?

Una vez empiezas...

La llegada de Sid, acompañado de vino, me devolvió a la realidad. Me tendió la botella, envuelta hasta el gollete en una bolsa de papel.

—De un amigo de Oregón que cultiva y embotella su propio vino. Me advierte que igual la etiqueta es lo único digno de mención —árboles contra un cielo azul pálido, la orilla curvándose suavemente tal como una mano reseguiría en el aire una forma familiar, las aguas oscuras y quietas, jirones de cielo reflejado en ellas.

En realidad, el vino no estaba tan mal. Afrutado y dulce en la punta de la lengua, luego más intenso. Envejecería bien.

Aunque no esta botella. Esta encontró su descanso definitivo mientras acababa de cocinar, con Sid sentado en la encimera hablándome de un caso en el que estaba trabajando. Incapaz de decidirme, acabé con dos platos principales preparándose al fuego, aunque decidimos que uno sería el entrante.

—La verdad, como siempre, estriba en cómo decidimos llamar a las cosas —dijo.

Que era el punto clave de su caso también.

Sí, claro, es una auténtica movida en plan Perry Mason, dijo, esto de hacer de abogado. El testigo en el estrado, el juez escudriñándote desde ahí arriba, la música suave de fondo mientras las cámaras contienen la respiración..., cuando la realidad es que te tiras entre doce y catorce horas al día con el culo pegado a la silla rebuscando códigos de leyes, precedentes, sentencias anteriores, detalles relevantes. Por cada asunto que llegas a dominar, hay algo no tan bueno o peor uno o dos pasos camino adelante. ¡Ay, qué drama! ¡Qué horror!