Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Sid y yo habíamos planeado cenar juntos esa noche. Por fin en casa, encontré su nota.

He llamado al departamento y comunicaba. No sé cuándo saldrás, si es que sales. De ser así, hay verduras al curry y arroz en el horno, basta con calentar. ¿Hablamos mañana?

Teniendo en cuenta las circunstancias, no tenía claro si la última frase era una súplica o me pedía permiso. De ese ánimo tan inestable e irresoluto estaba. Me comí las verduras con el arroz fríos mientras oía a los insectos estrellarse contra las mosquiteras y deslizarse por ellas, le mandé a Sid un correo para disculparme y darle las gracias y me acosté sin quitarme la ropa.

El viernes había que hacer limpieza después de la tormenta, y la gente estaba volcada en ello, así que no había mucho más que hacer. Yo también tenía limpieza pendiente, informes, justificantes de gastos, solicitudes de horas extras, pero en cambio estaba mirando por la ventana lo que era en esencia un minúsculo ángulo como arrancado de cualquier manera de una foto, preguntándome qué podría deducirse del mundo real a partir de una muestra así. En una celda, por ejemplo.

Me había animado lo suficiente para levantarme y servirme un café y volvía a tomar posesión de mi asiento cuando pasó un hombre por la calle. En unos instantes, yo estaba delante de la ventana. Constitución sólida, con un centro de gravedad bajo y una manera de andar relajada que desmentía ambas cosas. Pelo castaño corriente un tanto greñudo, pantalones oscuros, camisa blanca de vestir de talla grande con las mangas remangadas. Iba hacia la puerta cuando Andrea, desde el teléfono, me indicó que esperase. Me necesitaban de inmediato, con urgencia, en la Gasolinera Jewel’s.

KC, de patrulla, llegó antes que yo. Tenía a un tipo, con la cabeza ensangrentada, esposado a la nevera de la cerveza junto al mostrador. El empleado tenía el pie derecho sobre el brazo del tipo y el izquierdo en su cuello. La muñeca esposada presentaba un tajo enorme por el que asomaba el hueso.

—Este genio criminal ha ido ahí al fondo a la nevera de leche y productos lácteos. Es difícil verla desde aquí, donde está la caja registradora. Hay que alargar el cuello para mirar el espejo del techo, seguramente contaban con ello. Su amigo ha venido directamente al mostrador. El señor Fabrizi se ha fijado en que habían dejado el motor al ralentí.

Había apagado el motor y cogido las llaves al entrar. Dos adolescentes merodeaban por ahí. Hoy no se darían un paseo en coche por la cara.