Chapters (29)
Nada de «¿Sabías qué intención?» en plan liso y llano para la refinada abogada con su traje hecho a medida y su pañuelo anudado al cuello con buena maña. Igual si la miraba fijamente, pero fijamente de verdad, el pañuelo empezaría a apretársele y la estrangularía poco a poco. Se llevaría la mano al cuello y lo tocaría. Volvería a tocarlo, más fuerte. Se tambalearía un par de pasos. Se le empezarían a salir los ojos de las órbitas.
Y «compañeros» en lugar de «amigos» o «pandilla»: otro detalle de calidad.
Desde que me fui del Granero de los Paletos habían ocurrido cosas raras, y me aguardaban otras más raras aún, cosas que no alcanzaba a imaginar, solo se avecinaban.
El juez Fusco no permitía que hubiera agua en su sala, según decían, porque retrasaba el proceso. Me hubiera venido bien un poco, desde luego.
No tenía inconveniente en autorizar ventiladores, en cambio. Estaban por todas partes. Tres arriba, girando cual babosas que arrastraban sombras por el techo, uno de mesa, oscilante en el estrado junto a él. Cerca, un ventilador de caja colgaba ladeado como a punto de caerse de la pared igual que el amplificador de un grupo de rock.
¿Era yo consciente, como había preguntado la abogada? Bueno, hay muchos tipos de consciencia, ¿verdad? De conocimiento también. Pero sí, a cierto nivel debía haberlo sabido. Por lo general, lo sabemos.
Empecé a intentar explicarlo y la abogada me interrumpió.
—¿Sí o no, señorita Pullman?
Abrí la boca de nuevo y me salió «Sí».
Mi abogado de oficio aparentaba unos dieciséis años, tenía el pelo que parecía vello púbico y su papada hacía las veces del pañuelo de la otra, e hizo lo que pudo. Pero a partir de ese momento ya estaba cantado, hasta el momento mismo en que el juez Fusco me dijo que me pusiera en pie y declaró que habría quien cuestionara su decisión, que estaba chapado a la antigua, y que a la luz de mi juventud (de la que no había habido tanta, luz, quiero decir) y mi arrepentimiento evidente (¿en serio?), me daba a elegir entre ir a la cárcel o alistarme en las fuerzas armadas.
Le dirigí un saludo militar al vejestorio allí mismo.