Chapters (29)
El alcalde Baumann me había tomado ojeriza por corregirlo en aspectos jurídicos. En cierto modo, estaba casi segura de que también le cabreaba que no hubiera localizado a Cal y lo hubiera traído de regreso, para así librarse de mí por lo menos. Era a Cal, naturalmente, a quién yo debía buena parte de los conocimientos que me permitían corregir al alcalde.
Sea como fuere, almorzar con Baumann nunca salía gratis por mucho que invitara él. Se podía pasar por alto su manera de saludar con entusiasmo fingido, las miradas de reojo para ver quién podía estar atento, las interrupciones de clientes satisfechos o disgustados con los muebles adquiridos en W. Baumann & Hijo. Pero una citación era una citación, ya fuese para presentarse ante un tribunal o para acudir a una sesión de intercambio de favores.
Los planes urbanísticos de Stu Coleman, apoyados por el alcalde, se habían ido al traste poco después de empezar yo como sheriff suplente, vetados por los ciudadanos. Desde entonces él había renunciado a lo que yo consideraba flirteo, aunque no podía estar segura del todo. Quizá no fuera más que otra expresión de lo que era en el fondo, un vendedor, igual que sus convicciones políticas. O tal vez no fuese más que otra estrofa del antiquísimo canto de ballena del hombre americano blanco.
Ese día los recortes presupuestarios estaban sobre la mesa junto con nuestros especiales de sopa y sándwich. Los ingresos menguaban, subían los impuestos, más de un negocio estaba a un paso de cerrar sus puertas, el sistema educativo seguía adelante por una cuestión de fe ciega, el hospital estaba en situación de supervivencia económica.
Y el departamento del sheriff, claro, tenía su parte en la misión de apretarse el cinturón y sacar dinero de donde se pudiera. Medidas de austeridad, como las llaman los europeos. Seguro que yo lo entendía.
Le miré por encima del sándwich vegetal y aguardé.
El asunto se reducía, aunque llevó casi todo el sándwich y la sopa llegar a eso, a que yo tenía que «dejar ir» a uno de los míos.
—Algo así le dijo Moisés al faraón.
—Venga, Sarah, échame un cable. Es por el pueblo.