Back Sarah Jane Save as PDF
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Llamé a Sid para disculparme por no poder ir a cenar. ¿Comemos mañana, quizá? ¿O quedamos para desayunar? Volví a casa, me preparé un sándwich de queso fundido con fragmentos sospechosos descubiertos en el frigorífico y añadí una manzana en rodajas. El té de canela hizo las veces de bebida y postre.

Desperté cuando amanecía con dolor de garganta, los ojos cubiertos de legañas y la cabeza llena de imágenes de sueños a medio recordar. Me preparé un café con la cafetera francesa y salí al porche.

La gata azafranada de calle abajo pasó con un pájaro en la boca, una paloma, creo. Cada varios minutos lo soltaba y maullaba. Los mininos que había parido hacía ocho o nueve semanas ya tenían nuevos hogares. Ella seguía paseando por el vecindario buscándolos, maullando, con pájaros muertos que había traído para alimentarlos y enseñarles a ser gatos.

Por mucho que nos esforcemos, sabemos poquísimo sobre lo que ocurre en las cabezas ajenas. Mucho menos aún en la de una gata. ¿Sentiría sencillamente una pérdida, un vacío? ¿Sabría qué anhelaba? ¿Hasta qué punto entendería lo ocurrido? ¿Hasta qué punto lo sabemos ninguno de nosotros?

A las ocho me había terminado el café, había visto cómo la madre gata se llevaba la paloma por donde había venido, me había duchado, me había puesto ropa limpia y había reunido ánimos suficientes para mover el culo e ir a trabajar.

Los ánimos reunidos para ir a comisaría no fueron suficientes para continuar allí. A media mañana salía por la puerta de atrás y ponía rumbo al norte.

Había tomado la costumbre de acercarme a casa de Cal cada varios días. Iba, aparcaba delante y descansaba un poco quizá, echaba una ojeada. Lo que hay que intentar es verlo en su conjunto. No hay que pensar, solo contemplar, asimilar. Igual algo parece fuera de lugar o no encaja, algo no está del todo bien en el seto del jardín, o ahí, junto a la entrada. Reconocimiento de pautas.

Así pues, estaba sentada a un trecho de la casa, en una arboleda de pacanas, bebiendo un café de tamaño industrial para tomar fuerzas que había comprado a la salida del pueblo y, sin pensar en nada en particular, sin dejar de darle vueltas ni un instante.

Pero algo...

Volví a mirar lo que había visto, centrándome ahora. No era cerca de la casa en sí, era el sendero de acceso, la carretera que llevaba hasta allí. A la derecha. Un leve movimiento entre los árboles más allá, que bien podía ser un animal silvestre, qué sabía yo.