Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

El último fallo técnico en su programación era la abogada que se había mudado a la casa de al lado después de que los Finlay hicieran el equipaje y se marcharan a Florida o Louisiana o uno de esos sitios donde los caimanes rondan por la calle. Cindy, era su nombre de pila, parecía muy joven para ser abogada pero aseguraba serlo, y no hacía nada por ocuparse de la casa ni encajar en el vecindario. Rara vez sacaba los cubos de la basura para que los recogieran, dejaba que pasaran semanas sin cortar el césped, el correo se le acumulaba en el buzón junto a la puerta hasta que caía al suelo. La impresión que daba era que ni siquiera vivía allí, vivía en otra parte y pasaba cada pocos días, se quedaba un par de noches y luego se marchaba de nuevo. Entre tanto, estuviera o no allí ella, su gato siempre estaba en el sendero de acceso junto a una caravana hecha polvo y, aparcado delante de la calle, había un viejo cacharro averiado tan poco grato a la vista como la caravana.

Le dije a la señora Danzig que echaría un vistazo. Me dio las gracias, tendió una mano que olía a lavanda para estrechar la mía y salió por la puerta, con su manera de andar mezcla de dolor artrítico y elegancia (femenina, diría ella) aprendida de su madre cuando era niña.

Resultó que no tuve ocasión de ocuparme del seguimiento de la queja de la señora Danzig hasta la mañana siguiente. Comprobé el carné y las matrículas de la vecina, revisé expedientes judiciales e hice una llamada rápida al colegio de abogados del estado. Cindy Brolin era propietaria y única letrada de un bufete a dos pueblos de Farr, en un antiguo centro industrial cuyas fábricas de neumáticos y plantas químicas habían cerrado hacía más de cuarenta años, dejando la población con hectáreas de edificios vacíos y escasos puestos de empleo, así como una edad media de sus habitantes cada vez más alta a medida que los jóvenes huían de allí. La señorita Brolin había asistido a la facultad de Derecho estatal. Estaba especializada en derecho penal pero se había pasado al campo del derecho de propiedad y la planificación patrimonial. Los informes indicaban que en los últimos años había trabajado como abogada de oficio; en meses recientes, ni siquiera eso.

Tenía doce años cuando cesaron las voces. Había dado por supuesto que todo el mundo las oía, pero las miradas que me echaban cuando las mencionaba me llevaron a ocultar esa faceta mía a los demás. Guardé silencio sobre las voces durante años. Después desaparecieron.