Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Resultó que el conductor, Ted Dunston, tenía diecinueve años. Carné de conducir de Maine, y estaba matriculado en la escuela universitaria allí, pero no localizamos a ningún familiar. Nadie sabía qué estaba haciendo en nuestra parte del mundo. Ni llegamos a averiguar la causa de la colisión. Por qué conducía a ciento cinco kilómetros por hora por Walnut, por qué se largó dando tumbos después. ¿Y una limusina Lincoln? No era lo que suele escoger alguien de su edad. Pero era suya, adquirida de segunda mano hacía casi un año. Para cuando hicieron los análisis de sangre y toxicología, una vez lo estabilizaron en el hospital local y luego lo trasladaron al Hospital Universitario a tres horas de allí, los análisis no revelaron gran cosa. No había rastro de drogas. Ningún indicio discernible de discapacidad física o lesión aparte de las heridas sufridas en el accidente.

Lo conectaron a un respirador y murió año y medio después de neumonía.

«Sí, aquí también ocurre —comentó Cal el día del accidente—, igual que ocurre en junglas y desiertos. Intenta buscar una razón, una explicación, no conseguirás más que perder el juicio, y que lo pierdan todos a tu alrededor también».

A esas alturas, Cal había averiguado más sobre mi pasado de lo que llegaría saber nadie, salvo Sid, años después. Como decía, solo llevaba seis días trabajando de poli, y los dos nos sentábamos día tras día repasando procedimientos policiales, asuntos jurídicos, técnicas de negociación, rutinas de investigación, normas del departamento. Hacíamos un descanso cada dos horas e íbamos a Mindy’s a por café y conversación menos formal. Nunca averigüé demasiado sobre Cal, pero sí aprendí mucho de legislación básica esa semana y las tres siguientes, después de lo cual empecé a ir por mi cuenta, trabajando de 4 a 12 casi todos los días, pasándome al turno de noche cuando por la razón que fuera necesitábamos estar cubiertos por completo o, si no, atendiendo llamadas. Cal me dijo que había becas estatales a disposición de agentes de la ley que quisieran asistir a la facultad de Derecho a media jornada, compaginándolo con sus turnos, y sugirió que me lo pensara. Cuando le pregunté si hablaba en serio —¿a la universidad otra vez, a mi edad?—, dijo que aportaría experiencia a la clase, todo un mundo en realidad, que la mayoría nunca llegaría a ver.