Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

El teléfono estaba sonando cuando volví a entrar, pero dejó de hacerlo antes de que llegara. Llamé a comisaría para asegurarme de que no fueran ellos y luego puse a hacer el café. Le había dado el primer mordisco a una manzana cuando sonó el teléfono de nuevo y, al dejar la manzana para contestar, una cucaracha asomó por el borde de la encimera para apropiársela. La cucaracha parecía bastante feliz (¡comida caída del cielo!) cuando cogí el teléfono, saludé y Cal me preguntó si estaba bien.

Por un momento no fui capaz de responder, abrumada por el alud de preguntas que se formó en mi mente. ¿Estás tú bien? ¿Dónde estás? ¿Por qué?

—Bien, teniendo en cuenta las circunstancias —fue la respuesta por la que opté.

—Me alegro. Supongo que te has visto obligada a tomar las riendas.

—Ni siquiera me lo preguntaron.

—No suelen hacerlo —en el silencio alcancé a oír un tenue zumbido en la línea—. Te irá bien.

—Eso suena...

—¿Definitivo? Casi nada lo es. Las cosas van haciéndose cada vez más pequeñas en el espejo retrovisor, pero no desaparecen.

—La gente, sí.

—Sarah...

Aguardé.

—Hice cosas, hace mucho tiempo, nada más volver. Estaba jodido. Pero que muy jodido. El Cal que conoces y el que era por entonces, sencillamente no pueden estar en el mismo lugar al mismo tiempo, ya no.

—Creo que lo entiendo.

—La gente hará cábalas. Correrán historias, toda suerte de historias; si es que no corren ya. A nosotros no nos van los espacios en blanco, tendemos a llenarlos. Tenemos que hacerlo.

—Solo dime que estás bien.

—Voy por buen camino, Sarah. ¿No es eso a lo que aspiramos todos?

—En nuestros mejores momentos.

—Cuídate, amiga mía.

—Cal...

Pero había colgado.

En el trayecto de regreso de la casa de Cal tres días antes, KC me hizo una pregunta que me había acompañado desde entonces. Habíamos bajado la colina y girado hacia la antigua autopista, los dos en silencio. Cuando tomábamos una curva, topamos con unas roderas, espantando docenas de mirlos de los árboles al cielo.

—¿Tienes amigos, Sarah? —me preguntó KC.

Naturalmente, la gente tenía que preguntárselo. Vivía donde vivía, era reservada, nunca hablaba de mi pasado. Estaba ahí delante de ellos, y al mismo tiempo no estaba del todo.

—Sobre todo de hace años —dije.

El silencio se mantuvo de puntillas, unos instantes, antes de descender.

—Los viejos tiempos, claro —comentó KC—. Yo los tenía a montones. Otros deportistas, chicas guais. Qué coño, hasta un par de frikis. Pero el último año de secundaria, algo cambió. La misma gente, seguíamos quedando igual, pero...

KC miraba por la ventanilla de su lado. Los pájaros habían vuelto a posarse en los árboles.

—Tenemos que seguir adelante, ¿verdad? Ese es el secreto.