Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

—A la casilla de salida, entonces. —Añadió sal del salero, solo por si acaso.

—A decir verdad, seguimos buscando la casilla de salida. Igual la vimos doblar la esquina cuando se largaba...

—O sea, que tenemos que replanteárnoslo.

Una frase, no una idea. Donde vivía Will, las ideas no conducían al conocimiento, sino que resonaban como el eco de lo que ya estaba convencido de saber.

Hizo algunas preguntas más para las que yo no tenía respuesta y me comí casi toda la tostada con atún antes de que apareciera Brag para decirme que se requería mi presencia en Boomtown.

Boomtown no era un pueblo en absoluto, sino un añadido. Una especie de charca formada por la marea. Años atrás emigrantes se habían mudado a casas construidas para obreros en la década de los cuarenta y abandonadas desde hacía mucho tiempo. Las habían apañado con contrachapado y maderas recicladas para hacerlas habitables. Luego se les fue sumando más gente, poco a poco, unos en caravanas, otros con martillo y clavos, algunos con herramientas mecánicas, hasta que nos encontramos un poblado de más de doscientas almas enclavado unos cinco kilómetros a las afueras de la ciudad. Se había convertido en una comunidad estable y activa, tosca y áspera y aun así bien cuidada. Pero era un vecindario sin ninguna de las comodidades de una población de verdad, sin un nombre como es debido siquiera. Recogida de basuras, acceso a agua y electricidad, limpieza de las calles, ese tipo de cosas se las repartían los habitantes entre ellos. Con lo que no podían, aunque Farr no tenía obligación de hacerlo, el pueblo les echaba una mano.

Davey, nuestro miembro más reciente, había acudido al aviso de un vecino y luego, dada la situación, solicitado mi ayuda. Lo que encontré a mi llegada era un cuadro vivo, tres personas en una cocina como si posaran para el fotograma de una película. Junto a la cocina y la encimera un hombre de unos cuarenta años con mechones de pelo cual hierbajos en un solar vacío sostenía una sartén, una mujer de edad similar con peto vaquero tenía un cuchillo de carnicero en la mano. Cerca de la puerta una joven (media melena teñida de negro, falda recta, blusa estampada) estaba acorralada contra la pared.

—Les he pedido una y otra vez que bajen los... utensilios —dijo Davey—. Y que hagan el favor de deponer su actitud. No ceden.

—¿Puede explicarme alguien de qué va todo esto? —Me acerqué un poco a la mujer, que no le quitaba ojo al hombre y la sartén—. ¿Señora?

Nada.

—¿Están todos bien?

—Más les vale contestar a la sheriff —advirtió Davey.