Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Había vuelto yo sola a casa de Cal una tarde días después y me senté en la silla ante la mesa, intentando abrirme paso a tientas hacia el interior de su vida, supongo. Había tal silencio que se oía a las avispas atareadas en el avispero dos habitaciones más allá. La luz del sol se remansaba sobre la cama al otro lado de la habitación y se derramaba hasta el suelo.

De jovencita era baja y pequeña para mi edad. Hasta que di el estirón, me llamaban a menudo Retaco, pero papá nunca me llamó así. En cambio, me fabricó unos zancos de madera para que, en mi imaginación y en mi vida secreta, fuera más alta.

Cal había hecho algo muy parecido por mí.

El sentido común dice que, cuando aceptas un trabajo y no sabes lo que haces, procuras no llamar la atención, perseveras y al final ya le pillarás la vuelta. En realidad, es más parecido a cuando te compras un vestido de una talla más pequeña pensando que te obligarás a perder unos kilos. Luego se queda ahí colgado en el armario un par de años hasta que lo tiras o lo das. Y eso es lo que habría ocurrido, en el trabajo, en mi vida, de no haber sido por Cal. Aún no me había adaptado al trabajo ni a la vida, pero ya no me preocupaba demasiado lucirlos en público.

Acabé lo que quedaba en la cafetera, hice un poco de papeleo y fui a comer con Will al Gray Goose. Nadie recordaba de dónde procedía el nombre del «ganso gris»; lo había preguntado. Había quien recordaba su pasado en serie como bar, cafetería mexicana, centro electoral y tienda de artículos para beneficencia.

Will se puso en pie cuando entré al reservado, luego volvió a acomodarse con ademán tranquilo al sentarme yo. La mayor parte de su jornada consistía en estar sentado a una mesa, levantarse y volver a sentarse. Lo tenía dominado.

Y quería que le pusiera al corriente, claro, sobre Cal.

Le conté lo que sabíamos: la casa abandonada, el cuarto en plan talla única, los retretes averiados, la mesa ordenada, ni rastro de alboroto; más bien lo contrario, de hecho. Todo preparado para pasar revista. Incluso le dije lo de las avispas.

Se mostró decepcionado. Eso también lo tenía dominado.

—Ningún mensaje críptico escrito en sangre sobre la mesa —dije—. Lo siento.

Nos trajeron la comida. La ensalada de Will era del tamaño de un hormiguero de termitas africanas, un saludable montón de lechuga, zanahorias, pepino y tomate neutralizado por abundante jamón, queso, huevo duro y los grumos de aliño embotellado que llevaba encima.