Chapters (29)
La sombra de un pájaro nos sobrevuela en línea recta. Vemos alejarse de nosotros su sombra, en dirección a un lejano remolino de polvo. El motor produce sonidos metálicos. Huele caliente. Todo huele caliente.
Del mismo modo que aquí surgen cosas raras, las palabras pueden empezar a escapársete. Las frases no se aguantan, tienen agujeros. Desaparecen verbos, hay respuestas que no se corresponden con las preguntas. Con incongruencias así, hay que plantearse si lo que pensamos, lo que somos capaces de pensar, no se atenúa también.
—Se aleja —dice Oscar—. Un vehículo, ¿no crees?
—Eso parece.
Y otra vez estamos en marcha.
Oscar con menos de una hora de vida por delante.
Un año después de irme de Selmer, el día que cumplí los diecisiete, iba en un autobús que avanzaba lentamente hacia el norte sin perder de vista el río, como una embarcación que se hubiera desviado de su rumbo y estuviera husmeando algún acceso que debería estar más adelante. La familia que estaba detrás de mí, los padres y dos críos de quizá ocho y seis, compraron almuerzos en cajitas cuando subió un vendedor en un área de descanso. Pollo frito, galletas del tamaño de platillos, ensalada de col. Comida familiar de cara al largo e incierto viaje a alguna otra parte. Los cuatro despedían un olor corporal de aúpa; en el pelo del hombre y en el del niño relucía brillantina. Incluso entonces me di cuenta de que eso era señal de algo. Lo descubrí cuando el niño fue hasta la parte delantera del autobús y volvió, fila por fila, repitiéndoles a todos la misma frase, en un idioma eslavo de algún tipo, me parece. Extranjeros. Vaya con lo de la comida familiar. Se habían embarcado en una aventura tan valiente y temeraria como la mía propia.