Chapters (29)
—No, señor. —Procuré explicarle cómo me había hecho sentir la muerte del señor Patch. Triste. Tranquila. Lo poco que entendía de otras vidas. Mi sentimiento de pérdida. No me salió muy bien la explicación. No me ha ido mucho mejor desde entonces. Las palabras sencillamente no lo abarcan todo. Pero fuera lo que fuese lo que dije, animó a Raleigh o Riley (no dijo su nombre, sigo sin estar segura) a hablar.
—Willis era un hombre introvertido. Creía que sus asuntos eran cosa suya, del mismo modo que los de los demás debían seguir siendo cosa de ellos. Supongo que ahora no tiene mucha importancia.
El padre de Willis Patch, me dijo, era oriundo de Saint Louis. Había sido médico allí, Niggertown, la ciudad de los negratas, lo llamaban por aquel entonces, y hacía todo lo posible por ocuparse de todo lo que estaba en su mano. Iba de casa en casa cuando era necesario, tenía una clínica en lo que era medio cuarto de estar de la familia. La gente decía que el doctor Patch había traído al mundo a la mitad de los bebés de Niggertown, y luego a los bebés de estos. También se hablaba de los disturbios —recordaba la gente— con más de cien heridos acogidos en el sótano de la Santa Iglesia Metodista y del doctor Patch como el único médico para ocuparse de ellos.
El hombre falleció, con ochenta años tal vez, atendiendo sus ocupaciones. Se desplomó muerto en la calle una noche cuando iba al hospital para gente de color que ya tenían entonces. Y fue en ese momento cuando descubrieron que no era médico para nada. Nunca había tenido licencia, nunca había asistido a una bendita clase. Su mujer dijo que le contó cómo cuando aún era joven miró alrededor y se dio cuenta de la falta que hacían médicos en la comunidad, así que en ese mismo instante decidió hacer de sí mismo un médico. Por medio de libros, me dijo él. Leyó todo lo que había en la biblioteca, todo lo que encontró, hasta quedarse medio ciego. Aprendió todo lo que sabía leyendo esos libros.
Debía llevarlo en la sangre, porque Willis era igualito. Fuera cual fuese el tema, le preguntaras lo que le preguntases, Willis sabía algo al respecto, o si no, no tardaba en averiguarlo. A los veintitantos, vivía en la ciudad de Washington. Cuando se enteró de que en Virginia no hacía falta pasar por la facultad de Derecho para ejercer la abogacía, habló con un abogado local para que le dejara formarse en derecho con él durante un año, así lo llaman, formarse en derecho. Estudió hasta pelarse el culo negro, decía él, y luego se presentó al gran examen.