Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Yo había sentido el dolor y la confusión de otros muchas veces en mi vida, pero nunca había formado parte de una angustia tan absoluta que drenaba todo el color del mundo. Tomar la menor decisión se había convertido en algo insuperable. Los platillos de la balanza en la que se toman las decisiones estaban estropeados. Todo era papel de seda que se deshacía en cuanto lo tocabas.

Un día de noviembre, Yves estaba sentado mirando por la ventana, yo a su lado leyendo para una asignatura. Se volvió hacia mí y un momento después dijo: «La verdad está ahí arriba, todo lo que necesitamos saber, escrito en el muro. Alcanzo a leerlo, solo que no puedo recordar lo que pone cuando aparto la mirada».

Luego me preguntó por el libro que estaba leyendo.

No mucho después, vuelvo a casa del trabajo, no está echada la llave de la puerta, la casa está tan limpia que es una locura. Los cojines ahuecados en su sitio en el diván, las sillas bien rectas en torno a la mesa de la cocina, los cristales de las ventanas encima del fregadero bien limpios. Ha sido un día de esos que el bizcocho no se ve esponjoso, el gluten no queda bien elaborado al amasarlo, la masa tarda el doble en subir y, si no estoy al límite de mis fuerzas, no me falta mucho para llegar a ese punto.

La víspera, cuando todos salíamos en fila de clase, el doctor Balducci me había pedido que me quedara. Su trabajo es excelente, señorita Pullman, ahí no hay ningún problema. Se colgó la bolsa de los libros de un hombro. John Updike le llamaba haciendo señales a través del cristal, dijo. Uno está aquí arriba mirando todas las caras, y a veces uno sabe, nota, que algo no va bien. Revisa el catálogo de memoria: que no es asunto suyo. Ya solo sacarlo a colación es una violación de la intimidad. No tiene la menor relevancia para el curso o el motivo de que estemos aquí.

Pero sospecho, dijo, que si yo lo percibo, otros también. Quizá le convenga estar al tanto de ello.

El doctor Balducci levantó una mano y llamó con un nudillo a un muro invisible.

Yves estaba en el dormitorio, frascos de pastillas y bourbon al lado en la mesilla. No había vomitado aún, pero lo hizo justo cuando entraba. Lo que brotó era asqueroso, lleno de plástico y trocitos de pastillas y porquería. Lo volví de lado, busqué y localicé un hilo de pulso, llamé a urgencias. Una vez llegaron y lo subieron a la ambulancia, hice mi única maleta y fui a la estación de tren. Llamé al hospital desde allí, pero no quisieron decirme nada. Al fondo se oían teléfonos sonando, alarmas, voces anónimas.