Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

—Es que he pasado los últimos cinco días en el infierno. Tú estás estupenda. —Falda bonita, blusa clásica, un buen conjunto. Y aunque no los veía, ahí debajo debía llevar tacones. El pelo corto pero no demasiado corto. No era una oferta de la cadena QuikCuts, eso seguro.

Le conté lo de la peste.

Asintió.

—De todo se puede salir, ¿verdad?

—Salimos de unas cuantas.

—¿Te sientas conmigo?

—¿No te da miedo la peste?

—Peores cosas hemos pasado.

Allá en el extranjero, Marta y yo habíamos asistido juntas a formación de conductores. No es que fuéramos íntimas, pero se notaba que las dos estábamos presentes, prestando atención, mientras que otros, a juzgar por su indiferencia aparente, para el caso podrían haber estado hibernando. Se había roto ese brazo al caerse del tejado del garaje de niña. Cuatro operaciones y un montón que te cagas de terapia física después, lo tenía casi tan bien como el otro.

La charla sobre los buenos viejos tiempos (que no lo fueron) se agotó enseguida. Lo cierto es que no habíamos pasado mucho tiempo juntas entonces, ni teníamos demasiado en común, y allí, o bien no pasaba nada durante días seguidos o bien pasaba todo de repente. No quedaba gran cosa que decir sobre eso. Y no se sentía más inclinada que yo a rememorarlo.

Cuando me preguntó qué había estado haciendo desde entonces, no supe qué contestar. Emprendí un relato acerca de volver a casa, una o dos relaciones, cocinar, mudarme de aquí para allá, y seguí a partir de ahí, inventándome detalles sobre la marcha.

¿Y ella? Parecía que le había ido bastante bien, dije.

—Me llevó un tiempo. Estaba hecha un lío. Perdía todos los empleos que tenía, elegía los peores tipos que encontraba, o que me encontraban a mí. Todo aquel primer año estuve empinando el codo a base de bien. Me despertaba por la mañana sin recuerdo alguno de lo que había pasado la víspera por la noche, de qué día podía ser, o de dónde estaba. Entonces se me ocurrió un... no sé... un truco. Cada vez que tenía ganas de hacer alguna estupidez, me remontaba allí y recordaba lo que había visto, evocaba el recuerdo de algún suceso horrible, me centraba en las caras de los que no regresaron, o de los que volvieron hechos pedazos. Siempre me hacía sentir fatal por lo que estaba pensando hacer, como si me estuviera aprovechando de ellos, pero dio resultado. Me aclaré las ideas, trabajé hasta tener dinero suficiente para estudiar a jornada completa.

¿Y ahora?