Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

—En el mundo que yo veo, esforzarse por algo no supone mucha diferencia. Tal como están las cosas, te lo arrebatan de bajo los pies cuando no te das cuenta. O te cae encima con todo su puto peso desde un quinto piso.

Sombrío, y sin mucho margen para matices. Pero en el fondo, por aquel entonces no muy distinto del mundo que veía yo también.

Se calzó una bota de trabajo, una de esas grandotas de color amarillo naranja que venden en las tiendas de todo a cien o en la cadena Target.

—Groucho Marx dijo que la realidad no le volvía loco, pero que aun así era el único sitio donde se come más o menos bien.

Fue entonces cuando me soltó lo de que él era su propio país y que no era de este mundo.

Durante un tiempo eludí asistir a las performances de Olin («Me pusieron Colin, nunca me gustó la puñetera C, así que me la quité»), convencida de que entre lo que ocurrió en mi lugar de origen y la temporada en el desierto había visto cosas raras más que de sobra. Cuando por fin cedí y fui a una, no surgió nada que no me sonara del día a día. Lenguaje de signos. La cara afectadamente sonriente encima de un cuerpo abrumado por la tristeza. Un mudo intérprete de tuba con las mejillas hinchadas. Prolongados monólogos por asociación libre sobre lo que hacía la luna los fines de semana y cómo Quién y PorQuéNo tendrían que haber sido estrellas más grandes. El ángel arrepentido que baja a la Tierra para salvarnos y se transforma de manera imperceptible, tan lenta y sutilmente que no te das cuenta hasta que ha ocurrido, en un diablo.

Los camareros lo conocían como cliente habitual. Olin era vegetariano («Una de mis pocas virtudes, o quizá simple pretenciosidad») y el dueño del restaurante de carretera era griego, con humus y tabulé siempre a mano. Tal para cual. Puesto que los vegetarianos eran tan habituales como los BMW en nuestra parte de la ciudad, a mis compañeros de trabajo la dinámica les resultaba desconcertante.

Tres meses después de que nos conociéramos Olin y yo, el propietario murió, y como no había nadie de la familia interesado en ponerse al timón, pusieron Silver’s a la venta. Llegó un tipo de una zona residencial de las afueras con una pandilla de copias cual ecos de carne y hueso siguiéndole los pasos de puntillas. No se dijeron en voz alta palabras como gentrificación y mejorar el nivel, pero estaban ahí, suspendidas sobre la cuadrilla igual que bocadillos de cómic. Eché un vistazo, di un paseo y me puse a buscar.