Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Les di las gracias a Malcolm y su madre y fui a recorrer puerta por puerta el vecindario de Daniel Hopf. Por lo general, cuando los barrios van a peor lo hacen cuesta abajo y sin frenos, y se quedan allí. Este era una excepción, a todas luces en plena remontada. Se había invertido un trabajo considerable en restaurar y mantener las viviendas originales de nivel medio. Las aceras y los bordillos se veían limpios de desperdicios, muy desgastados y llenos de grietas. Es posible que agentes inmobiliarios ambiciosos echaran en falta que las viviendas ofrecieran un aspecto más atrayente desde la acera, pero yendo de casa en casa a mí se me antojó un lugar bastante bueno.

La decimocuarta puerta a la que llamé, el 1534 de la calle Pell, a cuatro manzanas de su casa, la abrió Daniel Hopf en persona. Pregunté por el dueño.

—Lo siento, Rebecca está ocupada. ¿Puedo ayudarle yo? —Llevaba cazadora y gorro de lana. Una vez dentro, entendí por qué. Allí hacía unos 18º. Todas las cortinas estaban echadas. La luz procedía de una lámpara de mesa con una bombilla que debía de ser de 40 vatios.

Le dije quién era, por qué había ido, y él me dijo a su vez que su amiga estaba pasando una mala temporada, una temporada especialmente mala, que ni por asomo podía dejarla sola en esas circunstancias, y que telefonearía a sus padres, cosa que no había hecho porque le habrían obligado a irse de haberlo sabido, para decirles que lo sentía y que volvería pronto a casa, ahora que Becky había pasado lo peor. Lamento el frío, añadió. Le viene bien, se siente mejor así. El calor la afecta. Y la luz le hace daño a los ojos. Esperaba que todos le perdonaran las molestias y preocupaciones que les había causado.

Rebecca Post tenía cáncer. «El típico cáncer de lo más corriente, aburrido, el mismo que padecen ocho millones de personas más». Después de múltiples sesiones de quimio y radioterapia y dos operaciones, tomó la decisión de darse por vencida, solicitó cuidados paliativos y llevaba cinco meses viviendo en casa. La organización de beneficencia Meals on Wheels le llevaba comida a diario, aunque no es que pudiera comer gran cosa de nada. Iban a verla semanalmente enfermeros especializados. Tenía días pasables y días muy, pero que muy malos. Estos últimos habían sido de los peores. Y Danny era una bendición.

—Le pedí que se fuera a casa. Le dije que se fuera, más de una vez. Pero este chico hace su santa voluntad.