Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

Surgió un nombre, eso sí, el de un chico un par de años mayor, Malcolm, que parecía tan fundamentalmente desvinculado como el propio Daniel. Su madre me acompañó a su cuarto como pidiendo disculpas; a mí y a Malcolm a partes iguales. La parte inferior de las ventanas estaba cubierta de papel blanco de carnicero, que a su vez estaba cubierto de palabras y figuras dibujadas con un lápiz plano de carpintero que había allí cerca. Unos alféizares decorativos en la parte superior de las paredes estaban aprovechados a modo de estanterías para libros. Había un órgano eléctrico vintage apoyado contra un trinchero con una pata coja.

—Claro que lo conozco. Un chaval delgaducho, con las caderas anchas, camina como si llevara botas de nieve. Es un tipo raro. ¿Por qué?

No pude por menos que preguntarme qué se consideraría raro en el mundo de Malcolm. Estaba dándole de comer a algo en una jaula, un hurón a juzgar por el olor, plantado justo delante de tal manera que yo no alcanzaba a ver qué era.

—Desaparecido.

—¿Cómo que desaparecido?

—Quiero decir que el sábado no volvió a casa y nadie sabe dónde está.

—Qué mala pinta.

—Eso mismo creemos nosotros. Por no hablar de su madre.

—Lo siento por ella. Pero tampoco es que ese chico y yo seamos colegas, señora, lo que pasa es que a ninguno de los dos nos mola estar a la última, ¿sabe? Así que, como vamos a nuestro rollo, tenemos que apoyarnos, ¿verdad?

—Entonces, no tienes idea de adónde puede haber ido, ¿no? Algún sitio preferido, alguna actividad de la que los demás no estén al tanto...

—Sé que tiene una amiga, alguien mayor. Habló de ella una vez que nos encontramos en la biblioteca. A los dos nos había dado por los hongos, a mí durante unos diez minutos, a él mucho más tiempo, y estábamos en las mismas estanterías leyendo sobre el asunto.

—Una amiga. ¿Eso dijo?

Malcolm se retiró de la jaula. Dos hurones. Acaparaban comida mientras lo miraban atentamente, siempre alerta ante la posibilidad de algo mejor o, si no eso, de algo más.

—No como está pensando. Alguien que le ayudaba a aclararse las ideas cuando se le enturbiaban, eso dijo. No mencionó el nombre, no. Pero debía de vivir cerca de él, por cómo hablaba.