Back Sarah Jane
Chapters (29)
  1. Cover Page
  2. Portada
  3. Portadilla
  4. Créditos
  5. Dedicatoria
  6. Citas
  7. 1
  8. 2
  9. 3
  10. 4
  11. 5
  12. 6
  13. 7
  14. 8
  15. 9
  16. 10
  17. 11
  18. 12
  19. 13
  20. 14
  21. 15
  22. 16
  23. 17
  24. 18
  25. 19
  26. 20
  27. 21
  28. 22
  29. Nota

No pienso escribir aquí ninguna de esas típicas chorradas: te pido perdón, espero que puedas entenderlo, cucú, cantaba la rana. La verdad es que me importa una mierda si lo entiendes, o qué. Por lo que al perdón respecta, te lo puedes quedar todo. Lo vas a necesitar. Todos lo necesitamos.

Algo me empujaba a volver una y otra vez. No sé cuántas veces me marché, y luego una mañana o una noche me levantaba, salía y aquí estaba.

Lo que me lleva a lo que sí me importa una mierda.

Este pueblo.

Pryor Mills tenía que morir, más que ningún otro tipo que haya conocido. Vino al pueblo, sin el menor respeto por él mismo ni por ninguno de nosotros, dejó sus huellas embarradas y su saliva y su olor por todas partes, uno de los nuestros a su modo de ver. La última idiotez que se le pasó por la cabeza en lo que supongo que fue toda una vida de ellas.

Creo que ahora ya he terminado.

Le devolví la copia.

—¿Te suena esto a Cal, remotamente siquiera?

—Lo que creo es que tenía una razón para estar velando por ti. Vio algo, sabía algo que ignoramos. Yo pensaba que Mills había venido para cumplir el deseo final de su amigo. Podría tener sus propias motivaciones.

Encaramada a la rama más baja de un olmo cercano, una ardilla, paciente hasta entonces, empezó con su castañeteo a poner en tela de juicio nuestro derecho a estar allí.

—Siento tanto respeto por Cal como el que más. Pero tenía una historia, todos lo sabemos. Y eso sin tener en cuenta cómo se marchó, un día estaba aquí y al siguiente ya no —KC levantó la nota—. La leí, y a mí me suena a que se le había aflojado algún tornillo, le bailaba por ahí dentro, sin llegar a quedar fijado. Y él lo sabía.

—No es una confesión, KC.

—Claro que sí.

La ardilla había bajado al suelo y se había acercado, meneando la cola rítmicamente al compás de los minúsculos chasquidos que emitía.

—Es hora de que vuelvas al trabajo, Sarah.

—Agradezco todo lo que has hecho, KC. Pero no es una buena idea.